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#Yosoymarciano (14-9-14)

Por @ivanvillanua

Durante la última semana se ha iniciado una corriente a favor de apoyar al equipo (en su conjunto), sin mirar hacia un lado u otro del vestuario. Daba igual si se llamara Cervera o Cristo González, la campaña generada por Óscar Herrera en las redes sociales bajo el hashtag #Yosoymarciano tenía como único objetivo buscar una vía de oxígeno a tantos resultados negativos.

Como todo en Canarias, lo que no hace el prójimo no vale. Si lo hace un tercero es una mierda. Y he aquí que salió en paralelo otra corriente para intentar dejar claro que no por ser marciano se es más del Tenerife. No solo poniendo en tela de juicio la idoneidad de la campaña sino también haciendo entender que, aquellos que la seguían eran unos auténticos vendidos. Tienen razón: lo estamos. Sí, vendidos. Pero a la causa. A intentar que los muchachos que saltan al campo con nuestros colores reaccionen y levanten esto para no volver a caer en la Segunda B.

Está claro que la suerte no acompaña. El fútbol tampoco. Y que la gente, lógicamente, viene de un fin de temporada desastroso que no olvida. Por mucho que se intente hacer ver que esto es otro año, el «ni olvido ni perdono», quedó grabado a fuego en el recuerdo de miles de aficionados. Y eso debe analizarlo también el técnico y el resto de profesionales. Con esa carga deben convivir, asumirla y hacer que se esfume.

Estamos en sus manos, dependemos de una pelota y una red. Y o espabilamos pronto o nos lleva la marea. Porque una cosa es entender que, tras el ascenso de Segunda B, las íbamos a pasar canutas y otra bien distinta que, un año después, se haya tenido la oportunidad de construir un edificio más sólido.

Yo soy marciano. Marciano y de los buenos. Me da igual lo que piensen unos u otros. Yo y mi circunstancias. El que no lo quiera ser, también lo entenderé de igual manera. Pero al margen de universos paralelos, hay una cosa que está clara. La división no conduce a nada. Bueno sí, a la destrucción antes de tiempo.