Por @rondoscutillas
Recuerdo que, cuando era pequeño, una conocida marca comercial decidió, como estrategia para aumentar sus ventas, regalar camisetas de las selecciones de fútbol más destacadas en el contexto internacional. Era la década de los 80, así que no había tantas. Y, por supuesto, no estaba la de España, que pintaba infinitamente menos que ahora en el panorama del balompié mundial.
La perspectiva era novedosa, a mis ojos de niño, porque en esa época no existía la cultura actual por las camisetas. Ni las facilidades de hoy en día a la hora de adquirir equipajes de cualquier época, club o país. Las tiendas de deporte tampoco ofrecían mucha variedad. Estaban las del Real Madrid, el Barcelona, el Athletic de Bilbao, la Real Sociedad. Y poco más. Costaba conseguir, incluso aquí en la isla, la del CD Tenerife, así que imagínense las de cualquier otro equipo distinto a los que he enumerado. Y no digamos ya las de una selección.
Así que recuerdo con especial cariño la ilusión que suponía volver a casa del colegio y disponerte a merendar sabiendo que allí, sobre la mesa, esperaba uno de aquellos yogures. Y que en aquel envase, bajo su tapa, podía esconderse el anhelado premio de una de aquellas míticas camisetas de la Francia de Platini o la Alemania de Rummenigge. O incluso otros obsequios como un balón ‘de reglamento’, que era denominábamos, los que fuimos a EGB, a aquellas pelotas que dejaban marca en la piel si osabas a cruzarte en su camino cuando alguien, de mayor edad que tú, disparaba a puerta.
No sé muy bien por qué me ha venido este nostálgico recuerdo a la cabeza. Supongo que porque esta semana vuelve el fútbol. O al menos lo más parecido a lo que conocíamos de este deporte antes de que el maldito coronavirus chafase este 2020. No habrá gente, por el momento, en los estadios. Pero seguro que regresará la emoción en una competición que se asemeja más, por lo frenético, a un rallye que a una Liga propiamente dicha.
Serán once jornadas que se jugarán a todo trapo. A ritmo de dos partidos por semana y en las que, como en los rallyes, también habrá que cuidar la mecánica para evitar que las averías acaben lastrando el resto de la carrera. Porque, si se rompe una pieza de las vitales por culpa de una lesión, resultará enormemente complicado poder volver a ensamblarla en el coche en lo que queda de temporada. Así que prepárense. Y abróchense los cinturones porque los blanquiazules disputarán el primer tramo cronometrado este mismo viernes.
Volviendo al tema del inicio de este artículo, confieso que nunca me tocó la camiseta de aquella promoción de la que hablaba unas líneas más arriba. Ni siquiera el balón de reglamento. Pero ahora, después de tanto tiempo sin fútbol, estoy seguro de que, cuando esté frente al televisor para ver un partido del Tenerife, sentiré la misma ilusión que cuando miraba cuidadosamente por si había algún premio escondido debajo de la tapa de aquellos yogures.