Skip to main content Scroll Top

Yo quiero a Aarón en mi equipo, por @ivanvillanua

El mundo del fútbol está lleno de momentos históricos desde el punto fatídico. Falló una vez Roberto Baggio ante Taffarel en la final del Mundial de 2004 en América, erró Djukic para lograr un título liguero y también le pegó arriba Sergio Ramos en una de la Champions League. Díganme si uno de estos tres, por muy hincha que sea usted de un equipo, no le gustaría tenerlos vistiendo su camiseta.

Aarón quiso lo mejor ayer para nosotros. Por eso Suso (que de manera inteligente leyó perfectamente la situación de tener que afrontar un segundo penalti), le dejó la oportunidad. Pónganse allí: tienes delante al portero del segundo mejor equipo del campeonato, al que ya un compañero le ha hecho un gol desde la pena máxima minutos antes y ahora estás tú, valiente, dispuesto a hacerle otro. El guardameta se huele que no se la mandarás de nuevo a su izquierda, aunque puedes dudar y echársela al otro lado. Lo que no esperaría sería un toque suave y por el centro. Lo que intentó Aarón. Y no le salió.

Si pudiera elegir, firmaría a Aarón de por vida en el Tenerife. Bastante ha hecho durante todo el año para reconocer que ese fallo ha sido una anécdota o, mejor dicho, un momento en la historia en el que por muchas veces que lo fallara, se lo perdonaríamos. Como a Rafa Nadal o Andrés Iniesta.

Aarón no ha hecho sino darnos tarde de felicidad en este campeonato y pienso, incluso, que alguna sorpresa nos tiene preparada antes de que esto finalice. Por eso, como al resto del equipo no puedo sino darles las gracias por el esfuerzo de ayer. En especial en la segunda mitad donde se vio a una plantilla dispuesta a morir en las ocho jornadas que restan (antes de saber si subimos en Zaragoza o pelearemos por ello en un play off).

Esto se va a poner muy duro que ya han demostrado que no van a tirar la toalla. Con lo cual, es nuestra misión apoyarlos hasta el último segundo, empujarlos por muy difícil que se ponga todo. Que todos seamos Aarón. Merecen nuestra fidelidad y confianza. Esto no ha acabado. Para el Girona, por cierto, tampoco.