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Y se hizo la luz…

Por @MaverickGold

Da la impresión de que José Luis Martí ha dado con la tecla que tanto buscó Agné y no encontró. Desde su llegada a Tenerife en febrero de este 2015, Raúl Agné se afanó en hallar el método para que el Tenerife fuera un equipo de signo triunfal. Lo buscó durante meses de la misma manera que Indiana Jones buscó el cáliz de la vida eterna, pero con desigual fortuna que el profesor Jones. Agné se puso orejeras y no se percató de que lo que buscaba no tenía que ver con sistemas ni tácticas, sino con algo más simple y terrenal: la armonía. Eso que Martí trajo impregnado desde el momento que recogió su maleta en la cinta de equipajes del aeropuerto de Los Rodeos hace justo un mes.

El mallorquín ha cumplido sus primeros 30 días como entrenador blanquiazul, y más allá de los números, que son más que buenos –dos triunfos y dos empates, con ocho puntos sobre 12, seis goles a favor y tres en contra-, está la verdadera razón del cambio a mejor del equipo, que no es otra que la alegría, la naturalidad, y la felicidad, posiblemente pasajera como toda felicidad que se precie, que se ha instalado en las paredes de El Mundialito. Eso que Agné no encontró a pesar de las numerosas prospecciones que hizo puertas adentro, lo tiene en su ADN futbolístico y personal Pep Martí, que no es un payaso de feria que va haciendo gracietas, sino un exfutbolista reciente que domina los códigos de un vestuario, que no solo pasan por la férrea disciplina que marca un carácter hosco aunque honesto, como era el de su predecesor.

En cualquier caso, el Tenerife de Martí es un equipo más compensado y equilibrado en el verde; porque no nos engañemos, la alegría la trae la confianza y los resultados. Y ambos factores han venido también cogidos de la mano junto al joven entrenador balear, que igual que enciende el alumbrado de Navidad de la ciudad se ha encargado de pulsar el interruptor del estado de ánimo de una plantilla que no se divertía. Y si no te diviertes en lo que haces estás condenado al fracaso, por lo que el ON del botón que Martí apretó, encendió el mecanismo de fútbol del plantel tinerfeñista, que deambulaba por la Liga con una linterna de pilas desgastadas. Martí no trabaja en Endesa, pero de momento ha conseguido en tan solo un mes iluminar a una Isla que estaba a oscuras en una zona de la capital, entre la calle de San Sebastián y Tomé Cano, a la que ha vuelto la luz cada vez que el Tenerife comparece por los alrededores.