Por @jf_rojas
Recuerdo cuando Xavi Hernández era un joven talento que la gente empezaba a poner en duda. En sus primeras temporadas en Primera Xavi entraba y salía de las alineaciones dejando gotas de calidad pero desprendiendo también cierto sabor a intrascendencia. Parecía difícil encontrarle un sitio. Se le veía una técnica sobresaliente pero carecía del uno contra uno y la velocidad necesarias para jugar arriba. También contaba con una visión de juego y una precisión extraordinarias pero no daba la talla física para ocupar el mediocentro. Aparentemente era un producto sin terminar, un buen jugador cuyas características no encajaban con las necesidades de un equipo del máximo nivel. Tanto es así que a partir de cierto momento los prejuicios y las dudas empezaron a apoderarse de su carrera.
Es probable que Xavi hubiese languidecido junto a otros peloteros sentenciados por no presentar las presuntas condiciones necesarias para triunfar en el exigente fútbol profesional. No obstante, la intervención de Pep Guardiola y Luis Aragonés conjuró el destino al que parecía condenado demostrando lo equivocados que estaban los que discutían sus cualidades. No es que a Xavi le faltara un hervor para adaptarse al fútbol profesional. Es que al juego de su equipo le faltaba un replanteamiento para aprovechar las excepcionales condiciones del futbolista catalán. Cuando Guardiola y Aragonés apostaron por un equipo acorde a sus características Xavi creció, creció y creció hasta convertirse en el inmenso futbolista que ha sido. Ya conocen la historia.
Todos los futbolistas necesitan del buen funcionamiento de su equipo para brillar. Sin embargo, en algunos casos esa necesidad es aún más imperiosa porque hay cualidades que sólo se expresan en el orden colectivo. Un futbolista dotado para el pase y el ritmo de juego necesita de la movilidad y desmarque de sus compañeros para sobresalir. Sin un equipo cultivando esas facetas Xavi habría sido víctima de los prejuicios de la gente. Probablemente se habrían subrayado más sus carencias que sus virtudes y con seguridad jamás habría alcanzado la cima futbolística. Obviamente, sin su aportación tampoco el Barsa ni la selección española habrían conseguido el lugar que ocupan hoy en la historia.
Reconforta decir que lo de Xavi terminó bien pero pienso con frecuencia en la cantidad de talentos que habrán pasado desapercibidos al no encontrar el contexto ideal para su juego. En el Tenerife por ejemplo siempre veo en Ricardo a una de esas víctimas silenciosas. Como Xavi, el de Los Realejos es un futbolista con virtudes de índole colectivas. Brillante en el trabajo de continuación de juego y pase, Ricardo fue pieza esencial el año del ascenso. Aquel equipo permitía que su fútbol destacara ofreciendo un nivel en el puesto que no hemos vuelto a ver por aquí. Encontrarle tantos años después discutido y en el banquillo representa como pocas cosas el fracaso del Tenerife de la última década. Y hace pensar, salvando las distancias, en lo que habría sido de su carrera si, como Xavi, hubiera encontrado un equipo en el que expresar sus cualidades. Cosas del destino.