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Vivir el deporte de una forma bien distinta

Por Rubén Mesa

Desde el  inicio de las competiciones profesionales, tanto en fútbol como en baloncesto, la  mejor noticia ha sido la  vuelta de  los espectadores a los estadios y a las canchas. La verdad es que es una gran alegría para  todos, poder volver a los lugares donde hemos vivido  alegrías, tristezas, donde tenemos buenos recuerdos y algunas decepciones con nuestros equipos.

Durante la pandemia, la mayoría de nosotros extrañábamos ver los  partidos de nuestros equipos en la televisión y lamentábamos las imágenes de las gradas vacías. Se hacía muy raro ver los estadios de fútbol y los pabellones vacios, sin aficionados animando como estamos acostumbrados desde siempre.

Todos teníamos ganas de volver a ver esos recintos con gente, con ruido y con el ambiente que tanto disfrutábamos. Ahora, desde que  hemos podido regresar, es cierto que tenemos que respetar una serie de restricciones: ponernos la mascarilla en todo momento y de forma correcta, no abrazarnos en los momentos de emoción, como solíamos hacer con el compañero de asiento, no comernos el bocadillo que tan bien cae en el descanso o mirar a las gradas y no verlas con lleno absoluto.

Sea como sea, el fútbol y el baloncesto como el resto de deportes, mueven pasiones y empezamos a disfrutar como lo hacíamos antes de la pandemia.

Los que vivimos el bullicio y la cercanía de los demás, paliando así el no tener una percepción inmediata de las jugadas y llevándonos un poco por lo que nos cuenta el compañero de fila, echamos realmente de menos esos llenazos y soñamos con el fin de la pandemia y el disfrute pleno de los deportes, con nuestros cuatro sentidos.