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Visitantes (17-12-13)

Por @beatrizpalmero

Escribía este domingo en Twitter a mediados de la segunda parte que estaba siendo un partido sin sustancia del Tenerife. Más o menos venía a decir que era un partido hueco, en el que no veía a un Teneriife reconocible. Pero, dándole vueltas al encuentro, como suelo hacer en los días posteriores (y eso que no soy futbolista, qué cruz), me di cuenta de que había errado en la apreciación. No era un Tenerife reconocible… esta temporada.

Porque al irme a casa tenía esa sensanción de déjà vu, de que esos pensamientos ya los había rumiado antes. ¡Y tanto! El Tenerife de Córdoba es un viejo amigo nuestro. Tan viejo que se habría ofendido, sin duda, por no haberlo reconocido al instante. El domingo, ni más ni menos, vimos al Tenerife a domicilio que tanto nos visitó la campaña anterior y que nos tenía hablando solos. Era ese visitante-incordio que tenemos que recibir sí o sí pero al que habríamos cerrado la puerta en las narices si no tuviéramos tanta educación. O mejor dicho, si no hubiera sido tan amable de dejarnos al marchar siempre una buena bandeja de dulces. Cómo ser grosero con alguien que, en cuanto vuelve a casa, nos endulza la boca para que le perdonemos los pecados.

Claro que el año anterior tenía mas motivos para incordiarnos. Porque, en Segunda B, tenía nivel para ser mucho mas exquisito y simpático y ser un visitante de lujo. Para no dejarnos revolviéndonos en el sofá mientras veíamos el partido, vamos. Que haya aparecido así, de nuevo, cuando estaba siendo ese amigo que nos encanta recibir un domingo por la tarde, nos deja más helado. Sobre todo porque, desde Alcorcón el muchacho se nos había vuelto simpático y hasta atrevido en el gesto. Eché de menos ese desparpajo ante el Córdoba, que nos esperaba con cara de susto como esperaban el año pasado los rivales al líder. Estaba agazapado, temiendo en cualquier momento el zarpazo de un equipo que acabase con él. Y el Tenerife tardó demasiado en sacar sus uñas y se quedó traspuesto esperando su momento, tanto, que otra vez un saque de banda, como el año pasado, le aguó la siesta.

Vendrá bien. Los de Cervera necesitan estar siempre atentos para usar la zarpa en el momento preciso y evitar que le sorprendan en la retaguardia. Hay que tener los pies en el suelo. Es una gozada ganar el derbi, llevar ocho jornadas sin perder, estar a dos puntos de play off. Todo perfecto, pero no hay que olvidar que no todos los anfitriones ponen la otra mejilla para dejarse noquear. Y que, hasta los más tímidos, se van atreviendo si le dan confianza.

Yo prefiero un Tenerife algo más vivo, más tenso. Porque, parafraseando, más vale punto en mano que ilusiones volando.