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Violentos fuera

Por @Maverickgold

Cuando la violencia salpica al fútbol, en cualquiera de sus categorías, y hacia cualquiera de sus protagonistas, se pierde toda la razón y se mancha el espíritu del deporte. Lo sucedido el pasado fin de semana en el Silvestre Carrillo es algo que se ve con relativa frecuencia en campos de fútbol, generalmente de categorías regionales.

La falta de educación y de civismo es un problema muy serio de parte de la sociedad, que se cree con derecho a todo, incluida la violencia física o verbal, amparados en el fanatismo deportivo. Esos personajes no pueden estar cerca del fútbol. Hace poco tiempo escuché a un futbolista juvenil de un club tinerfeño decirme: “lo peor del fútbol es la violencia que se respira en muchos campos; me dan ganas de dejarlo…” Eso es inadmisible, y no se puede hablar de hechos aislados o puntuales. Como persona que sigue el fútbol, jamás entenderé como se puede recurrir a la violencia. Ni siquiera cuando tu equipo es perjudicado de manera continua por errores de los colegiados. Genera impotencia y mucho enfado ver como el Mensajero ha sido penalizado injustamente, pero hasta ahí. Esperar al árbitro al final del partido con la intención de amedrentarlo, insultarlo, vejarlo y agredirlo es una salvajada. Un acto que delata de nuevo la bajeza de quién lo hace. ¡Que no le pegaron!, argumentan los que justifican los hechos. Claro, porque lo que paso no es grave ya que no le dieron un golpe más o menos certero. El Mensajero debe ser contundente y no escudarse en algo tan visible como injusto como los errores que le están perjudicando. El club palmero debe señalar y apartar a los violentos. Y por supuesto quejarse ante los organismos competentes si consideran un atropello a sus intereses lo que viene pasando en los campos. Pero debe ser ejemplarizante, como lo debemos ser los medios de comunicación y no dar tregua a la lucha contra la violencia. Se nos llena el pecho censurando la violencia de género, pero cuando se trata de cuestiones deportivas el género no es la cuestión, sino la capacidad del ser humano para escudarse en la rabia e impotencia para asumir que no pasa nada por tirar cerveza o insultar a un árbitro. No. Basta ya. Tolerancia cero para los que se creen con derecho a todo.