Redacción Deporpress | En la web oficial del Tenerife, con la firma de Acan, se narra el momento que se vivió el 10 de junio de 1990, de la siguiente manera: «Se jugaba el minuto 13 cuando una jugada por la banda, llevada por Quique y Ferrer acabó con centro del catalán al área. Eduardo Ramos logró cabecear el esférico a la red, en un remate casi eléctrico, en un latigazo más propio del panameño Rommel Fernández que del lagunero. El canterano corrió a la banda a cantar el gol, acabando arrodillado mientras sus compañeros hacían una piña sobre él».
Hace casi 24 años, el equipo insular lograba, de manera agónica, la permanencia en Primera División. El Tenerife se midió al Deportivo, en una dramática promoción. El partido de ida, disputado en la Isla, finalizó con empate a cero. Tocaba visitar Riazor y hacer la proeza… y el Tenerife la hizo. El único gol del partido lo transformó Eduardo Ramos, tras cabecear un medido (y lejano) centro del actual entrenador del Córdoba, Albert Ferrer.
Esa asistencia del por entonces joven lateral derecho es una de la más recordadas en la historia del Tenerife. Un pase que tuvo una precisión milimétrica y que Eduardo Ramos convirtió en un inolvidable gol. El próximo sábado, Ferrer regresará al Heliodoro Rodríguez López. No va a correr la banda, pero sí ocupará el banquillo rival. Eso sí, hace casi 24 años, su centro con la pierna derecha alumbró a todo el tinerfeñismo, como se refleja el vídeo del que se hizo eco en su día Zona Blanquiazul.