Skip to main content Scroll Top

Redacción Deporpress | Cierra el Tenerife una primera vuelta en la que Luis Miguel Ramis ha logrado maquillar, paso a paso, un rostro deformado por los malos resultados de la etapa de Fran Fernández. Su tarea no ha resultado nada sencilla. Al contrario. Se encontró con un equipo en crisis. Sin identidad. Condenado por errores individuales graves y con una trayectoria preocupante en cuanto a la inercia de resultados.

Se había enamorado el Tenerife de la fatalidad. Y esta aparecía para corresponder sus desvelos en cada jornada. Especialmente dolorosas fueron las derrotas en el derbi canario, por cómo se produjo, y la de Oviedo, en la que los blanquiazules se ahogaron en la orilla después de tirar de coraje para intentar salir a flote. La desilusión también había acampado en el entorno, que veía con impotencia cómo otra temporada amenazaba con irse por el sumidero con demasiados meses de antelación.

El plan de Ramis, cuestionado en sus orígenes, no tuvo resultados inmediatos. Pero estaba bien fundamentado. Este Tenerife ha aprendido a resistir. A no presentar demasiadas fisuras pese a ser dominado por sus rivales en algunos tramos de los partidos. Sabe sufrir.  Es serio. Ha desterrado las lagunas de concentración del pasado. Se emplea con energía y agresividad en los duelos individuales. Y, en suma, compite mucho mejor.

El resultado de la suma de todas esas cosas se un equipo fiable. Pero la historia también nos ha enseñado a que sacar pecho demasiado pronto en esta categoría equivale, casi siempre a batacazo. La fórmula está clara. Ha costado encontrar el equilibrio, así que lo ideal sería que el equipo no bajase el pistón ahora. El equipo está en crecimiento. Se nota que el liberarse de la ansiedad generada por la ausencia de resultados del primer tercio de la Liga le ha hecho encontrar su verdadero estilo. Un esquema en el que no hay grandilocuencias futbolísticas. Buscando las cosquillas al rival con los movimientos al espacio de Apeh y Sol. Tan sencillo de escribir aquí como complicado de ejecutar sobre el césped. Este Tenerife tiene un plan. Funciona y, sobre todo, se ajusta a las características de una plantilla que, por fin, lo hace viable.