Por @rondoscutillas
El CD Tenerife se despidió de 2019 con el exiguo saldo de una victoria como local en lo que va de temporada. No realizó un mal partido contra el Alcorcón e incluso evidenció cierta mejoría respecto a sus anteriores comparecencias en el Heliodoro, especialmente a nivel defensivo, pero el problema es que aún no le da con lo que hace para ganar en casa.
El partido quedó condicionado muy pronto por la lesión de Borja Lasso. La entrada salvaje, por detrás y sobre la pierna de apoyo del ucraniano Serhii Myakushko se quedó solo en amarilla. Errar es de humanos y está claro que el colegiado Aitor Gorostegui Fernández-Ortega lo hizo. Puede ser que pensase que expulsar a un jugador con roja directa en el minuto 3 fuese excesivo. Puede ser, incluso, que tomase el ‘lado blando’ del reglamento a la hora de juzgar esa acción.
Lo peor llega cuando, una vez más y van ya unas cuantas, Isidro Díaz de Mera Escuderos vuelve a cruzarse en el camino de los blanquiazules. El colegiado castellano-manchego había sido designado para estar a cargo del videoarbitraje y, por una razón que solo él debe conocer, mantuvo el criterio del árbitro que estaba sobre el césped y dejó el castigo en una simple amarilla. Seguro que, desde su privilegiada posición, tuvo la oportunidad de ver varias veces la jugada repetida. Incluso a cámara lenta se aprecia con nitidez que es una roja de libro, de esas que deben poner en toda escuela de árbitros cuando se explica cómo proteger la integridad de un futbolista.
Pero para Díaz de Mera, y su particular visión cuando se trata de juzgar al Tenerife “una fractura múltiple de peroné por un traumatismo de alta energía”, según el doctor Cansino que operó a Borja Lasso en Sevilla, es merecedora de una simple amarilla. Cuando el infractor es un jugador blanquiazul, como sucedió con Luis Milla en el derbi contra la UD Las Palmas celebrado en el Heliodoro por entrar por detrás a Pedri a la altura del gemelo, el resultado es una tarjeta roja. ¿Por qué?
Esa es la pregunta que lleva rondándome la cabeza durante los últimos días. Y solo se me ocurre una respuesta lógica. Díaz de Mera no es imparcial cuando pita al Tenerife. No me cabe otra explicación. Sobre todo porque llueve sobre mojado con él desde aquel maldito 21 de abril de 2018. En esa fecha, los blanquiazules recibían al Huesca en el Heliodoro tratando de agotar una de sus últimas opciones para meterse en los playoffs tras la llegada de Joseba Etxeberria al banquillo blanquiazul.
Víctor Casadesús adelantó al Tenerife y Díaz de Mera decretó, minutos más tarde, un penalti en contra de los isleños y, cómo no, también expulsó a Carlos Ruiz en la jugada del máximo castigo. El resultado fue que los oscenses ganaron 2-4 y que Raúl Cámara también vio otra roja directa en el 89. Desgraciadamente se produjeron incidentes y un objeto sin determinar, lanzado desde la grada de San Sebastián, impactó en la cabeza de la árbitro asistente Guadalupe Porras Ayuso. Más tarde, Competición dio la razón al Tenerife y dejó sin efecto la tarjeta a Carlos Ruiz reconociendo, implícitamente, el error de Díaz de Mera en la jugada del penalti.
En mayo de 2019, además, Díaz de Mera dirigió al Tenerife en su visita al Martínez Valero de Elche (3-0) y castigó con un penalti una falta de Camille sobre Iván Sánchez dentro del área. Sin embargo, no apreció nada, minutos más tarde, en un derribo de Dani Calvo sobre Tyronne.
Esta misma temporada, además de lo que sucedió en el derbi contra la UD Las Palmas, Díaz de Mera también observó desde el VAR, en agosto, una carga con el hombro de Carlos Ruiz ante un jugador del Zaragoza que supuso la segunda amarilla y su expulsión. Minutos más tarde también decretó como penalti con el videoarbitraje una acción de Álex Bermejo dentro del área del Tenerife.
Así que, como escribió Ian Fleming, “una vez es coincidencia, dos es casualidad y tres es la acción del enemigo”. Como yo no soy muy creyente en coincidencias y casualidades, y ante tu manifiesta incapacidad para desempeñar con objetividad la tarea para la que has sido designado, hazle un favor al fútbol, Isidro Díaz de Mera Escuderos. Cuelga el silbato de una vez por todas. Y vete.