Por @rondoscutillas
El Tenerife ya tiene un espejo donde mirarse. Se ha dado cuenta, tres jornadas después, de que la manera de hacerle daño al adversario que tiene delante es siendo más intenso que él. Y, de paso, ha descubierto también que, cuando lo logra, es capaz de discutirle los partidos al más pintado. Hizo sufrir al Deportivo durante bastantes minutos con esa fórmula siendo agresivo en la presión y mejorando la velocidad de circulación con el balón. Y los gallegos son uno de esos conjuntos sólidos que, con una cantidad de recursos prodigiosa, estarán todo el curso en la zona de ascenso.
Debe servir ese ejemplo como espejo en el que mirarse. Si el Tenerife no sale a los partidos como es debido es inferior a la inmensa mayoría de los equipos de Segunda. Pasó en Tarragona. Y la historia se repitió en Almería. Contra el Deportivo hubo propósito de enmienda y los blanquiazules salieron más enchufados, aunque el fútbol y el paso de los minutos demostraron que eran inferiores a su rival, especialmente en la medular. El árbitro, con un penalti más que riguroso, se encargó de complicar aún más las cosas.
Con todo, he escrito varias veces que prefiero ver el vaso medio lleno, y por eso espero que Joseba Etxeberria arbitre los mecanismos necesarios para que este Tenerife se parezca cada vez más al de la fase buena contra el Deportivo. Al que conecta con la grada. Al que nos hace creer que hay plantilla y calidad individual para hacerle daño a cualquiera. Al que fue capaz de someter e incluso avasallar durante casi media hora a uno de los mejores equipos de la categoría y a una plantilla que quintuplica el presupuesto de los isleños.
Solo es necesario que esa versión, la buena, aparezca antes. Que no haga falta esperar al regreso de vestuarios en el segundo tiempo para verla. Y, por qué no, que haya combustible físico para mantener las prestaciones durante mucho más tiempo y darle continuidad a esa manera de jugar durante más tiempo.
El calendario ha querido que el Tenerife visite este sábado La Rosaleda para medirse al Málaga, otro ex Primera y, por tanto, otro de los poderosos que juega con las cartas marcadas gracias a un techo salarial astronómico respecto a los que, como los blanquiazules, tienen que moverse por la Segunda de una manera inmensamente más precaria y con menos recursos. Los andaluces dominan la categoría y, hasta ahora, cuentan todos sus partidos por victorias.
Particularmente me agrada que estos duelos lleguen ahora, cuando la Liga anda aún en pañales, que una vez que esté más avanzada. Porque, entonces, la labor de intentar jugar de tú a tú a estos equipos, cuando ya se han adaptado a la categoría y navegan con viento a favor, es casi una utopía.
No es la primera vez que el Tenerife destrona a un líder en los últimos años. O, al menos, es capaz de cortar una espectacular racha de resultados como la que tiene el Málaga en la actualidad. La empresa no va a ser sencilla, pero los blanquiazules pueden puntuar en La Rosaleda sin no cometen errores de bulto en defensa y son capaces de comportarse como un equipo afilado y vertical.