Por @beatrizpalmero
Muchas veces he apuntado en estas líneas los inconvenientes que han traído a nuestras vidas las redes sociales, empezando por la superficialidad con la que se tratan algunos temas y terminando por los troles intolerantes que han encontrado en ellas el vehículo de expresión perfecta para sus frustraciones. Pero no podemos dejar de apuntar que también han traído muchos aspectos positivos y que son extraordinariamente útiles si se hace buen uso de ellas.
Y entre ellos hay uno que celebro especialmente, y es que se han convertido en vehículo de denuncia de situaciones que antes habrían pasado desapercibidas o se habrían quedado en simples comentarios entre aficionados. Ahora es posible ver esas escenas de violencia que se dan fin de semana sí y fin de semana también los campos de fútbol base o de fútbol regional, gracias a los espectadores que utilizan sus móviles para grabar estas escenas, ya sea por morbo o ya por avergonzar a esas personas que, en vez de disfrutar del deporte, lo convierten en una excusa para imponer sus criterios, demostrar su fuerza o enseñar su intolerancia y su nula educación.
La última, desgraciadamente, ha tenido lugar en Tenerife, concretamente en La Victoria, en un partido entre el Atlético Victoria y el Atlético Pinar, donde unos desaprensivos agredieron a un árbitro y a su asistente por no compartir sus decisiones. Debe ser que ellos se consideran más infalibles que el Papa y por eso no toleran que nadie se equivoque, si es que se equivocó que esa es otra cuestión, porque a veces ni siquiera son capaces de reconocer que los que se equivocan son ellos y no los árbitros, o el entrenador, o el rival…
Me siento particularmente avergonzada de que ser noticia a nivel nacional por unos energúmenos que, siendo adultos, no han entendido qué es la deportividad y, mucho menos, qué es el deporte. Ni qué hablar del ejemplo que dan a sus hijos o a otros menores.
Y que estas imágenes, y todas las que vengan, sirvan para que se le caigan la cara de vergüenza a quienes las protagonizan, pero, sobre todo, que sirvan para que el resto reflexionemos y actuemos ante estos hechos y pongamos nuestro granito de arena desde la grada para erradicar comportamientos tan censurables como vergonzosos.