Por @juanjo_ramos
Tenía pendiente estas líneas, que intentan hacer justicia con un profesional que se ha jubilado recientemente dejando un vacío imposible de compensar. Al menos de forma rápida. Seguramente me quede corto en lo que viene, pero créanme que tiene que ver más con mi falta de capacidad narrativa y descriptiva que con sus méritos.
Cuando llegué en 2003 a El Día ambos teníamos cierto recelo. Seguramente el del desconocimiento. Pero jamás tuvo trascendencia en el trato ni en la toma de decisiones. Fue durante 12 años mi jefe de deportes en la radio y durante 18 en el periódico. En ese tiempo, no me transmitió una sola pega a lo que le proponía en la primera ni me presionó o coaccionó en el segundo.
Lo que noté, en cambio, fue un voto de confianza inicial que se convirtió en confianza absoluta más tarde. Nunca quiso ni necesitó conmigo demostrar que era el jefe. El respeto fue siempre mutuo.
A medida que avanzaba el tiempo, las distintas embestidas de la crisis económica se fueron cobrando víctimas en forma de redactores. Y Ventura, lejos de amilanarse, se remangó para trabajar aún más que antes. Para asumir responsabilidades. Para no sobrecargar a los que estábamos bajo su mando. Siempre saliendo el último cuando había que esperar por algo, siempre dispuesto a equilibrar los esfuerzos o a buscar la manera de que todos libráramos o cogiéramos vacaciones cuando más nos convenía.
Jugaba con algo de ventaja, todo hay que decirlo, porque el grupo humano que dirigía pocas pegas ponía. Pero siempre supo liderar sin imponer, mandar sin elevar el tono. Y sobre todo: escuchar. Un verbo que suelen diluir los rangos.
Antes de la adquisición de Prensa Ibérica, en El Día éramos Jacobo, Julio, Dani, Barroso, un servidor y la ayuda de Soto y Álvaro. Ventura lo decía: “un equipazo”. Con razón.
Nada fue igual desde entonces. Fueron saliendo compañeros, vino la pandemia, los ERTEs y las circunstancias personales de cada uno que propiciaron el desmonte de ese grupo. Y uno de los que ha decidido salir, poniendo en su caso punto y final a una extensa carrera, es el propio Ventura.
No se lo he dicho todavía porque no nos hemos visto. Pero lo haré. Echaré de menos las charlas interminables de fútbol en la redacción, siempre sin descuidar el trabajo, las semanas especiales (derbis, suplementos, etc), los cafés del fin de semana y esas opiniones medidas, certeras, sobre el CD Tenerife, el Real Madrid o cualquier cuestión parecida.
Se va el opinador más brillante de la radio, aunque yo no arrojo la toalla todavía y trato de convencerle para que aparezca en la Cadena Cope de vez en cuando. Se va el jefe del que todos deberíamos tomar ejemplo. Porque sí, opinábamos distinto en cosas, pero eso nunca supuso un obstáculo para la convivencia y el respeto mutuo que acabó convirtiéndose en cariño.
Descansa, jefe. Disfruta del resto de tu vida. Te lo has ganado. Y gracias. Muchas gracias.