Por @beatrizpalmero
Hay una preciosa canción de Manolo García que empieza diciendo que
Vendrán días en que el peso que hoy te abruma se hará liviano,
Vendrán días en que ese peso ya no será carga sino bagaje
Y no hay nada más cierto, pues todo aquello que en un momento nos parece una losa, que nos genera tristeza, que nos hace flaquear, incluso albergar una honda desesperanza, todo lo que nos hace ver un día el mundo negro, todo eso, nos fortalece. Los peores momentos son siempre aquellos que, una vez superados, nos hacen más fuerte. Y hace falta que el tiempo nos arrulle con su imparable caminar para darnos cuenta de que, cada vez que superamos una crisis, nos hacemos más altos, más fuertes, más decididos.
Creo que, si le damos la oportunidad a alguien mucho más sabio, por viejo, que nosotros, exactamente eso es lo que le pasará a este Tenerife, tal y como le sucedió al del año pasado, aquel que durante las jornadas iniciales parecía abocado al descenso a final de temporada. Aquel equipo fue capaz de soportar el peso que supuso un comienzo tan pésimo, el debut en la categoría de muchos de sus integrantes, la desesperación del entorno, y se levantó. Y aquellos malos momentos sirvieron para que el equipo supiera sufrir en algunos tramos de la temporada e, incluso, en algunos partidos. Cierto que el tramo final dio al traste con todos los esfuerzos, pero quizá debamos recordar que la reacción más espectacular de la campaña la protagonizó el Castilla, que llegó a ser el mejor equipo de la segunda vuelta. Y no pudo evitar el descenso. El Tenerife se permitió el lujo de tirar, porque las tiró, las últimas siete jornadas.
Claro que nadie imaginaba entonces que esas últimas siete jornadas, que contamos por derrotas y por goles nunca marcados, iban a ser el peso que soportaría el nuevo Tenerife. Porque ese final ha caído como una losa en este equipo, probablemente porque en pretemporada, ante equipos de igual o superior categoría, tampoco fue capaz de anotar un solo tanto.
Y juzgamos al equipo como si llevara realmente ocho jornadas consecutivas de sequía goleadora. Cuando este equipo no es aquel en el que, les recuerdo, estaba el añoradísimo Ayoze Pérez, sólo ausente en los dos últimos compromisos ligueros. Este Tenerife es otro, y sí, al frente está el mismo hombre, con la misma idea de juego. No sé por qué nos sorprende que el Tenerife de Cervera no juegue fuera de casa tocando el balón cual sucursal del Barça, como si en estos dos años no nos hubiera dado tiempo a saber que para el técnico es prioritario ahogar al rival para luego aprovechar las virtudes propias en lugar de crear un estilo de juego y mantenerlo contra viento y marea. El mismo reconocía en la previa del partido que lo bonito era marcar goles, pero que él estaba preocupado por los goles que encajaban. Y visto el encajado el domingo, como para no estarlo. Nos puede gustar más o menos, pero hasta ahora le ha funcionado.
Quizá el Tenerife nos pareció gris, y apenas vimos pinceladas de lo que puede llegar a dar, pero yo volví a ver ese equipo sólido, capaz de asfixiar a un rival que sólo apareció en un atrevimiento de Pablo Infante. Démosle el tiempo que se ha ganado tras dos temporadas en las que ha cumplido los objetivos marcados. Y tal vez, este peso que cargan hoy, en los partidos venideros sirvan como bagaje.