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Velocidad

Por @juanjo_ramos

Vivimos en un mundo que va demasiado deprisa como para fijarnos en los detalles o preocuparnos por el que pasa a nuestro lado en la calle. Entras a la guagua o al tranvía, das los buenos días y te miran raro. Alguien se cae delante de ti mientras paseas y te quedas esperando a ver si otro se preocupa y tú puedes seguir discretamente de largo. Así somos. Demasiado preocupados por nosotros mismos, dejando pasar lo que de verdad importa y siendo poco solidarios. Salvo cuando toca serlo de cara a la galería.

Seguro que la gran mayoría de los que han leído el párrafo anterior no se reconocen. Pero piensan que el otro sí es así. Yo no, pero ellos sí. Eso creemos. El caso es que, en esa velocidad que hemos adquirido, no tenemos tiempo para nada. Ni siquiera para valorar con justicia las cosas que nos importan. Los juicios sobre, centrándonos en el deporte, nuestros jugadores, entrenador o director deportivo son espontáneos. Sin análisis. A menudo viscerales. El resultado, esa sensación efímera de alegría o enfado que lo marca todo.

Cuando de verdad paras y reflexionas, te das cuenta del error. A menudo somos injustos y hablamos a la ligera. Simplemente, nos dejamos llevar. Olvidamos que detrás del profesional hay una persona. Con sus sentimientos, problemas personales, entorno…

En mi vida he conocido gente de todo tipo. Y en ocasiones, donde menos te lo esperas, surge alguien que te hace replantearte cosas. En los tiempos en los que el baloncesto insular se dividía en blanquiazules y aurinegros, ya sea en la época del Náutico, el Tenerife AB o el Tenerife Baloncesto, yo siempre tiré por los primeros. Nunca fui seguidor del Canarias. No había odio, pero tampoco simpatía.

Pero hay gente en ese club que siempre me trató con respeto. Una de esas personas es Alejandro Martínez. Por eso, ahora que el desgaste de tantos años o la salud le han aconsejado dar un paso al costado, me veo en la obligación de agradecerle públicamente el trato, que siempre ha sido respetuoso y cordial. Con él aprendí también tolerancia y solidaridad, como la que ha demostrado con su implicación en causas benéficas.

Toca desearle que salga más fuerte de la ITV y vuelva donde debe, al banquillo, cuando sienta la llamada de la selva que todo entrenador recibe cuando pasa un tiempo fuera de su hábitat natural. Te esperamos, Alejandro.

P.D. No tiene que ver con el deporte, pero sí con otra de mis grandes aficiones: las murgas. Esta semana despedimos a Suspi, uno de los bambones más conocidos. Carnavalero, amigo de sus amigos, siempre con una sonrisa en la boca… La mejor definición que se puede hacer de él es el pesar que deja en su murga y en las otras. En cualquiera que le conoció. Es otra muestra de que a veces hay que frenar, pensar y disfrutar un poco más de la vida y de las personas que nos rodean. O nos perderemos a gente como él.