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Veamos el décimo Roland-Garros detrás del escenario

Por Jofre Porta

En una ocasión un entrenador, me comentó que no le gustaba Rafa Nadal. Creo que al público le puede gustar o no Rafa. Pero lo que me parece que como profesionales de la enseñanza no podemos hacer una afirmación así. Rafa es el ejemplo de casi todo lo que podemos transmitir a nuestros alumnos. Todo valor que requiere y transmite el tenis se puede ejemplificar en alguna acción o anécdota de la vida de Rafa. Humildad, esfuerzo, honestidad, disciplina,… todas ellas se reflejan y reviven su brillantez en él.

Ahora, los que le sacrificaron, los que con una sonrisa con sorna lo daban por acabado, o se esconden o te dicen que ellos ya sabían que volvería. Cuanta mediocridad, resultadistas de medio pelo que hacen las quinielas el lunes y sienten el orgullo de no equivocarse nunca.

Yo admiro a Rafa, a Rafa y todo lo que significa. Quiero decir con ello, que me alegro cuando gana, cuando hace historia torneo tras torneo. Pero lo que le hace grande es lo que sucede cuando no gana. Su incapacidad de rendirse, su capacidad de relativizar lo negativo, su positivismo patológico, su fe sin orgullo en él mismo.

Una vez un amigo me dijo riendo que si él fuera Rafael Nadal, guapo, rico, famoso, “ejemplo de generaciones futuras”, sería un imbécil insoportable. Que no entendía cómo podía ser tan sencillo, parecerse tanto a ese niño de Manacor que dudaba entre dedicarse al fútbol o al tenis. Yo lo entiendo, he vivido su entorno sencillo donde el esfuerzo no era negociable. Todos luchábamos para que se desarrollara como él entendía la vida, sin interferencias materiales o resultadistas.

Por eso es tan fácil de entender que se haya introducido a Carlos Moyà en el equipo y que cuaje tan bien. Porque están hechos de una arcilla parecida que de la mezcla saldrán vasijas preciosas.

¡Felicidades Rafa! Pero mucho más que por el décimo R.G., sino por las lecciones de vida que posiblemente no llegaremos a aprovechar en lo que merecen.

Este Roland Garros es la consecuencia de una manera de entender la vida, a ver si se nos pega algo.