Por @josefelipem
El Colo Colo siempre ha tenido que convivir con la acusación de haber sido el equipo de la dictadura chilena. Cuando Augusto Pinochet, en 1973, dio un golpe de estado contra el gobierno legítimo del comunista Salvador Allende, El Cacique ya era un grande del país pero, como hiciera la Alemania nazi o la dictadura de Franco, en España, el militar vio un filón: haría del fútbol un arma de su represor régimen. Tanto que llegó a ser presidente honorífico de la entidad.
Augusto Pinochet contaba con el apoyo de Estados Unidos para llevar a cabo sus torturas y asesinatos. Con un ferviente anticomunismo por bandera tuvo claro que el deporte podía servir para su objetivo: que Chile fuera sinónimo de Pinochet y Pinochet fuera sinónimo de Chile. El Colo Colo, que toma su nombre de un militar mapuche era, y es, junto al Universidad de Chile el equipo más grande del país, por lo que el dictador metió en sus directivas a personas cercanas al régimen que vio como, con el pueblo harto de represión, comenzaban las primeras protestas en su contra.
A Pinochet no le quedó otra que organizar un plebiscito en 1988. Los chilenos, por fin, podrían votar si querían mantener al hombre que mandó a asesinar a casi 3.000 personas, deteniendo a 80.000 y torturando a decenas de miles, por lo que el militar trató de usar, una vez más, el fútbol. De este modo, prometió que haría una importante donación para que el Colo Colo pudiera terminar de construir su Estadio Monumental. La directiva cocolina se mostró encantada pero, lo cierto es que ese dinero nunca llegó. Ganó el no, por lo que el viejo dictador, derrotado, fue juzgado en años posteriores.
Pese a ello, para muchos, el Estadio Monumental es «el estadio de Pinochet», como cantan Los de Abajo, la barrabrava de la Universidad de Chile, que amenazan con «romperlo» en cada partido de rivalidad. Paradójicamente, su ideología antifascista no es suficiente para que tengan buenas relaciones con la Garra Blanca de Colo Colo, de la misma tendencia. «En esto, el fútbol está por encima de la política», decía un aficionado de los blanquinegros.
El Estadio Monumental se concluyó, pero no gracias a Pinochet. Fue un fichaje, el de Hugo Eduardo Rubio, por el Bolonia el que llevó a las arcas del Colo Colo un millón de dólares. Ese fue el dinero utilizado para que los cocolinos tengan el estadio privado más moderno de Chile, pero, para sus eternos rivales, el Monumental es «el estadio de Pinochet». Ese que dicen querer romper.