Skip to main content Scroll Top

Valor

Por @rondoscutillas

El Zaragoza visita el Heliodoro. Viene un partido grande. De los que evocan, para los nostálgicos como yo, duelos con mucha más pulpa pero con idéntica intensidad de la que habrá mañana sobre el césped del estadio. Los aragoneses rivalizaron hace justo casi 7 años con los blanquiazules por no descender a Segunda. Y el partido en la isla supuso un punto de inflexión para ambos. Los locales dominaban 1-0 hasta el minuto 76 cuando, un absurdo penalti de Luna, generó el empate convertido por el chileno Suazo. Apenas 6 minutos más tarde, en el 82, los maños dominaban por 1-3 sobrepasando al Tenerife y dejándolo ante un descenso que ya no supo evitar.

Esta vez el partido no está rodeado de tanta angustia. Ambos equipos pelean por presentar su candidatura a los puestos de promoción de ascenso y los 27 puntos que figuran en el casillero de chicharreros y zaragozanos constituyen el fiel exponente de la igualdad con la que llegan a la cita. Será un partido con mayúsculas. El que gane reforzará sus opciones sumando ante un rival directo al que, además, dejará sin puntuar.

El calendario depara, en esta jornada, múltiples duelos directos entre los equipos que ocupan la zona alta de la clasificación. Como todos no van a poder ganar, estamos ante una de esas semanas llave para dar un golpe en la mesa. Tras varias jornadas rondando la zona deseada, el Tenerife puede concluir la primera vuelta en el grupo de los elegidos si vence al Zaragoza. Y si el resto de resultados no acompañan, tendría otra gran opción la semana siguiente con la visita a la isla del Córdoba, que también pelea por colarse entre los de arriba y al que apenas aventaja en un punto. Un doble triunfo en casa, algo que no se ha conseguido desde hace varias temporadas, dejaría al equipo que dirige José Luis Martí en una envidiable situación para vivir, por fin, esas sensaciones que todos esperan desde hace demasiado tiempo.

La tarea de doblegar al Zaragoza no va a ser sencilla. Ver a Ángel tratando de amargarle el partido al equipo en el que se formó, como hizo la pasada campaña en La Romareda, va a ser todo un aliciente. Igual que ver en el banquillo opuesto al que solía ocupar en su etapa como técnico blanquiazul a Raúl Agné. Pero el Tenerife debe aferrarse a su fortaleza como local y perpetuar esa inercia que puede hacerlo otra vez grande. Hace un año que nadie gana en el Heliodoro y ha llegado el momento de seguir alimentando esa estadística, pero de tres en tres y sin tener que condenarla a la dieta indeseable de los empates que ha tenido que ingerir este curso ante Sevilla B, Mallorca, Getafe, Cádiz, Numancia y Huesca.

Para lograrlo, el equipo isleño debe minimizar al máximo sus errores. Mostrar una mayor solidaridad a la hora de realizar ayudas defensivas y mantener la concentración durante todo el partido para evitar que, determinados errores individuales, provoquen empates evitables de los que, posiblemente, haya que lamentar luego cuando llegue junio si no salen las cuentas.

Mañana acaba la primera vuelta y aún queda todo un mundo por delante. Pero, insisto, ganar estos dos partidos multiplicaría la esperanza del Tenerife y la confianza de un equipo que aún debe recibir la ayuda de unos refuerzos que den el salto de calidad a una plantilla que carece de determinadas cosas. Mientras tanto, todo pasa por ganar mañana al Zaragoza. Sin eso no hay nada. Solo otra oportunidad perdida, como la del pasado domingo en Tarragona, y la sensación de que las acciones para opositar al ascenso van a continuar perdiendo valor.