Por @jf_rojas
Es probable que el domingo muchos nos acerquemos al Heliodoro reviviendo sensaciones que creíamos olvidadas. Desde hace demasiado tiempo visitar el campo del Tenerife viene siendo algo parecido a acercarse al hospital para reconfortar a un amigo enfermo. Uno hace esas cosas con gusto y con todo el entusiasmo que puede pero no es lo mismo que compartir una mesa o una noche de fiesta. En realidad, la mayoría de nosotros se enamoró del fútbol por motivos diferentes a los que nos han animado estos años a seguir acudiendo al Estadio. La fidelidad y el sacrificio son sentimientos nobles y necesarios pero sin ilusión y chispa la mejor de las relaciones termina convertida en obligación y rutina.
De alguna manera, el partido contra el Alavés desintoxica y refresca nuestra conexión con el Tenerife. El domingo nos acercaremos al Heliodoro más aliviados que en otras ocasiones, desprovistos de esa mochila de obligaciones y temores de toda clase que cargábamos los últimos años. Sin la amenaza del descenso a la vista y alimentados por la ilusión de colarnos en una fiesta a la que no estábamos invitados, los aficionados volveremos a ser testigos este fin de semana de la cara más brillante del fútbol. Esa que nos enamoró hace tanto y que pudimos haber olvidado las últimas temporadas.
La educación católica insiste en inculcar a la gente que esto es un valle de lágrimas. Nos dictan que vinimos al mundo a sufrir y que la vida ha de experimentarse desde la ética del sacrificio y el sufrimiento. Mirado desde ese punto de vista las últimas temporadas del Tenerife han sido edificantes e instructivas. La afición ha pasado el corte demostrando que, se diga lo que se diga, sabe estar a las muy duras con su equipo. Sin embargo también necesitamos recordar de vez en cuando los motivos que nos involucraron emocionalmente a la entidad, sea un ascenso, un título, un futbolista ilusionante o un partido con mucho que ganar y poco que perder. Yo al menos intentaré aprovechar el partido del domingo para disfrutar de todas esas cosas que, hace ya tantos años, me decidieron a hacerme del Tenerife. Lo del sufrimiento y el valle de lágrimas lo dejaré para otras ocasiones.