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Vacíos

Por @rondoscutillas

El CD Tenerife ha tirado a la alcantarilla su segundo proyecto consecutivo. Un tercio de la competición y apenas un trimestre de la Liga consumido han bastado para que caducase la idea futbolística para la que se trajo a Aritz López Garai a la isla. Ocho jornadas consecutivas sin ganar son muchas. Demasiadas para cualquier equipo de la categoría que aspire a algo más que sobrevivir en ella.

Sin embargo y aunque los resultados no acompañasen, sobre todo porque es imposible que lo hagan en cualquier equipo con un índice de errores individuales tan elevado como el blanquiazul, este Tenerife no fue barrido del campo por equipos que, como el Huesca, el Girona o el propio Cádiz, le sacan 9, 11 y 21 puntos en la clasificación, respectivamente. De hecho, pese a jugar en inferioridad numérica en esas dos primeras citas, solo perdió en Girona y a través de un penalti claramente evitable.

Coincido con los detractores de López Garai en que el funcionamiento colectivo, especialmente en las jugadas a balón parado, es francamente mejorable. Incluso considero que, en ocasiones, el equipo tomaba demasiados riesgos con el balón en zonas donde está absolutamente prohibido perderlo. Pero no me cabe en la cabeza que ante un grupo sin síntomas de hundimiento manifiesto, al menos en cuanto a nivel futbolístico e implicación de los jugadores con la propuesta que se realizaba desde el banquillo, hayamos vuelto a incendiar todo el monte para hacer un cortafuegos en noviembre cuando hace apenas un trimestre se nos vendió que la prioridad era reforestar y plantar para el futuro.

No me gusta lo que ha sucedido porque las llamas de la destitución de López Garai van a llevarse por delante algo más que otro proyecto deportivo. Miguel Concepción tomó la decisión de cesarlo porque la influencia de las personas que lo rodean, y también lo respaldan para que presida el Tenerife con el apoyo de sus acciones, ha pesado más que la opinión de los profesionales que el propio presidente fichó o incorporó al organigrama para llevar las riendas deportivas de la entidad.

Porque, en este cese, no hubo reunión previa. Ni tampoco un análisis con un informe elaborado. Ni siquiera se produjo un intercambio de ideas con los miembros que llevan la parcela deportiva y son personal ajeno al cuerpo técnico. Sobra asegurar que, por supuesto, no se sondeó a los capitanes o futbolistas con mayor peso específico en la plantilla. El presidente solo escuchó a personas cuya vinculación con el fútbol es igual que la de cualquier otro aficionado blanquiazul y, de manera unilateral, ordenó que López Garai no siguiese ni un minuto más en el club. Así, sin nada planificado y sin pensar que el viernes se juega en El Molinón ante el Sporting.

Procediendo así será complicado que el Tenerife salga del bucle en el que lleva metido después de perder en aquella maldita promoción con el Getafe. Sobre todo porque su presidente se ha empeñado en que todos sus proyectos funcionen de manera casi inmediata y estén encadenados, exclusivamente, a que el balón entre o no en la portería ajena. Esté quién esté y venga quien venga, todo estará supeditado a eso. No se trabajará en la construcción de nada porque lo que se inicie tendrá, desde el momento en que nazca, la amenaza de derrumbe por el número de jornadas que pase el equipo sin conseguir la victoria.

La fórmula de que pase el siguiente, ya sea entrenador o director deportivo, se repetirá de manera directamente proporcional a la escasez con la que entre la pelota en el marco rival. Y, mientras tanto, no tendremos un criterio fijo que seguir, ni un estilo futbolístico definido y seguirán los bandazos. Vendrá alguien con sus ideas, mejores o peores, y luego será incinerado en la hoguera del resultadismo. Como todos los precedentes.

Lo peor es que este nuevo incendio supone otra quemadura más para una afición que cada día está más hastiada y desengañada de que sus ilusiones se calcinen, año tras año, antes de Navidad. Y que, además, es cada vez más escéptica a la hora de entregar su apoyo porque, últimamente, solo ha podido degustar platos con un contenido sustancioso en la carta del verano pero que, con el paso de los meses y el desarrollo de la comanda, llegan a su mesa completamente vacíos.