Por @juanjo_ramos
Octubre de 1993. El Barcelona acaba de perder 4-3 ante el Atlético de Madrid y el tren de la Liga se le escapa. Después de tres títulos consecutivos, las estrellas azulgranas parecen saciadas. Pero aparece Johann Cruyff y lanza un mensaje contundente para dar un toque de atención a sus “vacas sagradas”. Ahí nace, para el fútbol, un concepto que hace alusión a los futbolistas más veteranos, de mayor experiencia, liderazgo o capacidad en una plantilla. El técnico holandés les pedía mayor responsabilidad en un momento delicado. Los Zubizarreta, Koeman, Bakero o Stoichkov captaron el mensaje y dieron un paso adelante. Aunque fuera en la última jornada y con aquel penalti fallado por Djukic en La Coruña, la afición culé festejó otra Liga.
El Tenerife no va a ganar la Liga. Martí no es Cruyff ni sus futbolistas los de aquel Dream Team. Pero en el vestuario blanquiazul sí hay vacas sagradas. Como en el de cualquier equipo. Y a ellos les corresponde tirar del carro. Sobre todo en los malos momentos. Este lo es y convendría que se dieran cuenta de la gravedad de la situación y recuperaran el espíritu y la intensidad de los partidos posteriores al relevo en el banquillo. Esa predisposición, ese nivel de atención y ese hambre no se ven reflejados en las últimas actuaciones de los blanquiazules. Y es ahí, más que en el sistema táctico a emplear, donde está la clave.
Ante el Alcorcón se rompió algo. Ver al técnico blanquiazul cabizbajo en el entrenamiento del 6 de enero hizo más honda mi preocupación. Parecía buscar en su cabeza la forma de reactivar a los suyos. Y quizás debería tomar al inventor del concepto “vacas sagradas” como ejemplo. Escribí en la noche del lunes en twitter que este era un momento de entrenador. Y me reafirmo. Le ha llegado la hora de tomar decisiones. Si estas pasan por sentar a algún teórico intocable, adelante. Aunque sea momentáneamente. Porque no se trata de condenar al ostracismo y por capricho a algún fijo por el mero hecho de haberlo sido hasta ahora. Se trata de buscar soluciones. Y mantener en el equipo a futbolistas de mejor nivel que el que están demostrando no es, por mucha fe que se les tenga, parte de la solución, sino parte del problema.
Por no quedarnos en los jugadores y el entrenador, igual hay que exigir al consejo soluciones económicas para que el secretario técnico tenga un margen de maniobra mayor a la hora de fichar. Y a este creatividad o capacidad negociadora para abordar una negociación y acertar. Pero también puede ayudar el entorno. Igual toca exigir menos adornos y centrarnos en lo importante. Porque sin refuerzos, con la plantilla actual, dudo que el Tenerife pueda practicar un fútbol brillante. Por mucho que le demos vueltas a las alineaciones y a los sistemas tácticos. En esa tesitura, seamos prácticos.
Queda mucha Liga. Hay tiempo para todo. Pero eso no quiere decir que sobren partidos. Empecemos ya. Todos.