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Unidos

Por @rondoscutillas

La primavera ha devuelto su esplendor al Tenerife. El grupo de Martí firmó otro triunfo de prestigio ante el Cádiz en el Carranza (0-1) y, tras las turbulencias ocasionadas por el accidente contra el Reus, vuelve a fijar la velocidad de crucero en la ruta que conduce directo al playoff.

Los blanquiazules, con los mejores números desde que volvieron al fútbol profesional, transitan desde hace meses por una autopista de la regularidad que les permite cumplir, de cabo a rabo, con el lema de ‘Quiero vivirlo’. Sí. Ahí estamos. Vivitos y coleando. A punto de encarar ya abril y orgullosos de no ser inferiores a ninguno de los rivales directos en la lucha por el ascenso. Y es que los partidos ante esos equipos han dejado huellas interesantes de lo que este grupo puede ser capaz de conseguir en las eliminatorias por subir. Luego, en la lotería de junio, podrá ser o no. Pero, de momento, se agradece que cada fin de semana se compren más números para ese sorteo y haya este ambiente de estar peleando por algo importante.

La victoria en Cádiz ha servido, de paso, para enterrar el pesimismo crónico que vivía la entidad en los últimos años. El pozo de oscurantismo y derrotas parece, al fin, a punto de sellarse. Y el futuro, ese en el que unos hacen números sobre los puntos que faltan y otros recuerdan que aún no hay nada hecho, al menos pinta cada día con más tonos de esperanza.

Martí ha dado con la tecla. Exprime a un plantel comprometido de puertas hacia adentro y dirige, además, a un once que, cuando comparece sobre el césped, es muy competitivo y difícil de batir para cualquier rival. El balear, amparado en un bloque solidario y una solvencia defensiva que permite tener opciones de sentenciar cada choque en el que Dani Hernández se queda imbatido, aún no ha podido sacar a relucir todas las mejoras que aún guarda en el garaje. La aportación de Tyronne, Rachid y Shibasaki, por problemas físicos en los dos primeros y de adaptación en el nipón, ha sido a cuentagotas. Pero cuando engrane estas tres piezas, este Tenerife será aún mejor. Y seguro que, incluso, tendrá una marcha más que ahora.

El plato fuerte de este año son las transiciones ofensivas que es capaz de realizar. Los contragolpes son un trueno que, como sucedió con el gol en el Carranza, suelen presagiar un estallido feliz. Aitor Sanz subió la banda de manera imperial y asistió para que Amath N’Diaye, la perla que más brilla en el cofre del talento de este Tenerife, firmase su décimo gol del curso. Al senegalés ya le conocíamos su perfil de gacela velocista y desequilibrante pero ahora, además, es también un voraz león en la definición cuando pisa al área y remata de primeras. Ese maravilloso híbrido africano ha dado ya un sinfín de puntos que, al final, pueden servir para validar el billete del viaje al que todos queremos apuntarnos.

El fútbol nos regala este domingo otra oportunidad maravillosa. Visita la isla el Oviedo, un rival directo en la lucha por las eliminatorias de ascenso, y un adversario con pegada y argumentos en los últimos metros para poner en muchos problemas a los blanquiazules. Su punto débil es la lentitud de Héctor Verdés, un central que sufre horrores con los delanteros rápidos y tiene una especial facilidad para cargarse de tarjetas. Por ahí debe empezar el Tenerife a desmontar a los asturianos. En la grada espera otro día grande. Otra tarde de fútbol con mayúsculas y con una afición entregada a la causa y dispuesta a remar sin temor a la meta final junto a los suyos. La victoria está más cerca si, entre todos, fabricamos ese clima especial de las citas importantes en el Heliodoro, esas en la que todo resulta más sencillo si empujamos unidos.