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Una semana para olvidar

Redacción Deporpress | La ilusión se ha tornado en frustración en cuestión de seis días. Los brotes verdes plantados contra el Lugo desaparecen en una semana. Unas semillas cuyo crecimiento no termina de gestarse en una germinación palpable. El CD Tenerife sigue en plena atracción de la montaña rusa, con altos y bajos que no terminan de dar equilibrio a estas primeras piedras del nuevo proyecto.

La afición entendía que era un momento idóneo para dar un paso de verdad hacia adelante. El equipo crecía en la península y el idilio con el fortín del Heliodoro siempre ha sido un capítulo en positivo dentro de las páginas de la historia blanquiazul. Se respiraba ilusión desde el lunes, pero con la prudencia siempre presente en el entorno. Venía el colista. Un aviso serio, pues es bastante habitual escuchar la frase de ‘resucita muertos’. Y ese guion macabro se ha cumplido. Otra vez. Porque parece que el simpatizante birria tiene prohibido acceder a esa palabra maldita: ilusión.

El colista bajaba de la nube al Tenerife con un hachazo. Máxima efectividad: un tiro entre los tres palos, un gol. Después de ocho jornadas sin ganar, el Real Oviedo encontraba botín en el Heliodoro. Y los de Garai decían así adiós a la recompensa del playoff. “Por nuestro estilo de juego, perderemos muchas veces así”, recitaba el técnico blanquiazul esta semana. Y el recinto de la calle San Sebastián sentía un Déja Vu como el vivido frente al Fuenlabrada. Casi la misma película, y con un final triste.

Pero había otra reválida cerca. Tres días más tarde, para ser exactos. El Extremadura había empezado mal, pero llegaba a la Isla con seis de seis. Una película de terror dividida en dos volúmenes, con un metraje de 180 minutos en su cómputo global. Pareciera entonces que estaba siendo rodada por Quentin Tarantino. Una película de terror donde el Tenerife se convertía en su ‘punch in ball’. Porque los birrias están curados en salud de todos los golpes que reciben. La problemática de los equipos que venían a encerrarse vivía su antítesis en los extremeños: un conjunto valiente, con una presión alta y efectiva. Ni plan A, ni plan B. Zarpazo a los ocho minutos, resurgimiento de la esperanza en el juego aéreo y jarro de agua fría cerca del desenlace. Lo peor: que el resultado fue justo frente a unas características de un contrario que, a priori, dejaban más espacios a los insulares.

Y es que el Tenerife parece que no moja en el HRL. Un guion previsible, como si de una mala película fuese, que hace aguas por todos lados. Débil en defensa, lento en la circulación y sin remate. No hay velocidad, no manda en el juego y carece de profundidad. Sin reacción en los cambios y con nombres propios vestidos de corto que siguen acumulando dudas en su rendimiento. Ni siquiera, el hechizo intangible que empujaba en casa hacia el amarre de puntos en los años malos hace acto de presencia por el templo blanquiazul. Ni empates o victorias con épica. Nada de nada. Un nerviosismo que se empieza a hacer patente, cuyo mayor reflejo se vivía en la recta final, cuando Garai reemplazaba a Malbasic ante la indignación de un graderío que le trasladaba su disconformidad.

Un enorme problema que necesita de solución inmediata si los blanquiazules no quieren vivir otra temporada mirando de reojo hacia las antípodas. Porque el primer cuarto de competición ya está cumplido y, nuevamente, el Tenerife sigue teniendo bloqueada la puerta con destino hacia la aristocracia de la Segunda División.