Esta es una semana de especial relevancia para el tinerfeñismo. Por fin, y nunca es tarde si la dicha es buena, el club blanquiazul se ha decidido a rendir un más que merecido homenaje a la figura de Javier Pérez. Ese médico, metido a directivo, que llevó al Tenerife a la más altas cotas jamás alcanzadas a lo largo de su historia, cotas que tiempo atrás era ni siquiera posible imaginar.
Pero al margen de esta semana de homenajes a una figura tan emblemática del fútbol español, y en la que siento verdadero orgullo y agradecimiento por ser partícipe de estos actos, también quiero volver al presente y referirme siquiera brevemente al uno a uno de este pasado domingo frente al Girona. El empate ante los gerundenses vuelve a poner de manifiesto que con Martí o sin Martí, y dada la igualdad de la categoría, el equipo chicharrero no está precisamente sobrado como para echar las campanas al vuelo. Y aunque el balance de ocho puntos sobre doce posibles es bueno no hay que olvidar que esta es una liga de 42 jornadas y que de lo que se trata básicamente es de afrontar cada partido al cien por cien, puesto que, a las pruebas nos remitimos, los pequeños detalles terminan resultando decisivos.
Miguel Concepción ha tomado decisiones importantes en los últimos tiempos, y bueno será que se plantee en el mercado de invierno algún fichaje tanto para la construcción del juego como para el ataque, si es que de verdad se quiere pensar en metas mayores.
Y a todas estas seguro que en el 2016 tendremos noticias de la más que previsible convocatoria para renovar el Consejo de Administración blanquiazul. Las maniobras orquestales en la oscuridad que algunos pretenden, estoy seguro no van a asustar a Paulino Rivero. Y por supuesto también a Pier Luigi Cherubino.