Por @ivanvillanua
Una vez más Las Palmas y Tenerife volverán a verse en un terreno de juego. La que siempre fue bautizada como «Fiesta del fútbol canario» recupera sus mejores galas aunque no precisamente en un momento álgido para ambos. Los grancanarios atraviesan por el tradicional atasco de febrero que las plantillas que optan a todo sufren en una temporada que puede terminar de manera sobresaliente (talento y plantilla le sobran para ello). Por contra, los blanquiazules han encontrado en la llegada de Agné el revulsivo necesario para ir a más cada semana que pasa y tener más claro que el equipo es capaz de ofrecer otras cosas. Quizá no gana pero por primera vez enamora a sus aficionados.
Unos y otros comenzarán el lunes con los nervios en el estómago. No será un sábado por la tarde (ideal para todos porque así pueden disfrutar del domingo en familia o con amigos), pero el domingo en la mañana tampoco es que sea un mal horario. Quizá distinto. Curiosamente para ambos clubes el encuentro marcará un punto de inflexión. Dicen en Gran Canaria que, tras él, la plantilla debe volver a despertar y desplegar el juego con el que enamoró a comienzos de la temporada. En Tenerife se tiene claro que, después del derbi, comenzará la verdadera liga blanquiazul.
Será también un encuentro llamado a ser el más original desde las gradas. Las sanciones por vociferar improperios o invocar a la violencia con insultos nos abren un esperanzador paisaje de gritos y cánticos marcados por la creatividad de todos. Miles de personas nos reuniremos en el estadio de Gran Canaria para volver a vivir un partido histórico y para reencontrarnos con buenos amigos. Esta será, sin duda, una semana completamente diferente.