Por Vesi Nenkova
Dejar que te destruya o fortalecerte. Aún me acuerdo del 7 de agosto de 2016 cuando el médico me dijo que tenía un tumor cerebral. En ese momento la verdad que ni recuerdo bien que es lo que se me pasaba por la cabeza más allá del ‘cuanto tiempo me queda’, y ‘que he hecho yo para merecer esto’.
A medida que pasa el tiempo vas entrando en esta lucha diaria contra tu peor enemigo, que desgraciadamente forma parte de ti, se apodera de tu mente, de tu cuerpo y de tu día día, es decir, de tu vida en general con la intención de quedarse. En esos momentos asimilé que me tocaba afrontar el partido mas importante de mi vida, pero esta vez iba a ser un ‘uno contra uno’ muy particular porque en este encuentro no habían 7 jugadores más, estaba yo, eso sí, con muchísimo apoyo, pero era yo y el cáncer.
Debo decir que el camino no fue nada fácil y que más de una vez tenía ganas de abandonar. Después de una operación tan compleja como la craneotomía, despierta durante 9 horas, pensé que ahí se quedaba todo, pero muy a mi pesar esto no hacía más que empezar. Sesiones de radio y quimioterapia para eliminar un tumor de unos 4 centímetros después de la operación, dolores y ardores en los órganos internos y a eso se le suma parar tu vida, centrarte en luchar por vivir.
Se que mucha gente, al igual que yo, al oír la palabra cáncer se asusta, nos entra un escalofrío en el cuerpo, pero a fecha de hoy, aún no curada, pero sí con una enfermedad estable y el alta medica que espero que sea así de aquí a los próximos 5 años de revisiones, debo decir que el cáncer para mi ha sido un 70 por ciento de ganas de luchar y ganar esta batalla y el resto, sin despreciar ni infravalorarlo, el apoyo de tu gente. Tu familia, tus amigos, tu pareja, todas aquellas personas que me soltaron la mano durante este largo camino. Sin estas personas nada sería igual. En cualquier caso es importante que la persona que está sufriendo la enfermedad, decida y tenga ganas y mente positiva para salir para adelante. Siempre digo que mientras mantenemos los ojos abiertos, siempre hay esperanza.
El deporte enseña tener mucha constancia, garras, gana de luchar y llegar a la meta aunque no sea de la mejor manera, pero acabarla. Me siento una persona afortunada por haberme dedicado al balonmano y sobre todo tener la oportunidad de volver a hacerlo de nuevo, cuando todo parecía estar muy delicado y con poca esperanza de volver a tener una vida normal como antes. A fecha de hoy, por suerte vivo una segunda vida, con nuevas oportunidades, con mucho aprendido por todo lo vivido y con mucha madurez adquirida. Se que suena ilógico pero si tengo que volver a pasar por lo mismo, lo haré de nuevo porque en esos días negros, una vez que pasan, aprendes que por muy oscuro que sea, te enseña caminar y no es un castigo esta enfermedad, tal vez es una forma de hacernos ver y valorar la vida de otra manera. A veces nos preocupamos por cosas cotidianas, que de verdad no tienen la importancia que le damos. A veces somos nuestro propio enemigo.
Pienso que hay que luchar y trabajar por ser mejor persona y por ayudar a los demás. Los problemas de salud sí son verdaderos problemas. Lo que ocurre fuera de ello, son preocupaciones sin más que seguro tienen solución.
Nunca hay que perder la esperanza y hay que seguir para adelante.