Por @MaverickGold
La Liga de Segunda División no está adulterada pero lo parece. “No nos respetan”, espetaba Carlos Ruiz después del enésimo error arbitral en contra de los intereses del CD Tenerife. Nada de conspiraciones ni intereses ocultos para evitar que el Tenerife progrese en la competición, pero la evidencia demuestra que esta temporada se han cebado con los blanquiazules.
La realidad es que quejarse sirve de poco, pero hay que hacerlo. Y hay que hacerlo de manera clara y directa, y también indirecta, pero con convicción. No con una puesta en escena forzada 72 horas más tarde de que te hayan perjudicado. Imagine que a usted o a mí nos atracan y nos roban primero la cartera, luego el teléfono móvil y posteriormente las llaves del coche. Dejamos que pase el domingo, el lunes, y si eso el martes vamos a poner la denuncia porque la parienta te ha dicho que vayas a interponer una denuncia, que no seas patán.
Pues eso es lo que hizo Miguel Concepción en un tono más de resignación que de queja enérgica. La historia demuestra por otro lado que el colectivo arbitral pasa olímpicamente de esos lloros. Y más el caduco presidente de los árbitros, un Sánchez Arminio que todavía usa un Alcatel para llamar a los colegiados y un Spectrum para mandar correos. La raíz del problema radica en la generalidad de bajo nivel del arbitraje en Segunda División, y de lo alejado que está el fútbol de los avances en profesionalización e independencia en comparación con otros deportes.
El Tenerife tiene derecho a protestar, pero cuando llegue un error que nos beneficie –que llegará-, miraremos para otro lado y diremos que ya era hora. Por eso lo mejor es protestar sin esperar nada a cambio, pero si lo haces creer firmemente en tu queja, porque si hay que ir se va, pero ir pa ná es tontería.