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Una leyenda del Tenerife recuerda con anhelo su etapa blanquiazul

Redacción Deporpress | Una leyenda del Tenerife recuerda con anhelo su etapa blanquiazul. Diego Latorre habló en una entrevista concedida a ‘El Confidencial‘, donde habla de su carrera deportiva, su etapa en el Tenerife con Valdano o la posibilidad que se frustró de haber coincidido con Redondo en el Real Madrid. Ahora, el exfutbolista es una auténtica referencia en los micrófonos de ESPN.

Origen del apodo ‘gambetita’.- “Fue el uruguayo Víctor Hugo Morales quien me puso ese apodo tras verme en la reserva en el campo de Boca Juniors. Era por mi forma de juego. Mi estilo era argentino, conduciendo la pelota y regateando mucho. Agarraba la pelota y no se la daba a nadie, abusando quizás de ese recurso. Era pequeño y quería mostrarme”.

Infancia.- “No tuve grandes lujos, pero mis padres me llevaron de viaje a Europa o Estados Unidos. Vivía muy bien. Mi caso fue especial, ya que no aparecí de la calle o de una academia, sino que me desarrollé en un barrio privado, destacando mucho en los colegios”.

Comparación con Maradona.- “Cuando viene su decaída, surjo en Primera. Se hizo esa comparativa, que era inútil y tenía mucho de marketing. Mi primera época en Boca fue bastante positiva. Supe combinar mi habilidad con el gol. Tenía la jugada prefabricada”.

De Argentina a Italia.- “Llego después de haber sido durante dos años el mejor futbolista de Argentina. Con un precontrato en lugar de un contrato con la Fiorentina, meten preso a mi representante. Llegaron seis carabinieri y se lo llevaron para la cárcel de Verona. Me quedé desamparado porque la Fiorentina no estaba dispuesta a ocuparse de mí. Estuve tres meses en el hotel, que no quisieron pagarme, así que tuve que correr yo con los gastos junto a la ayuda de mi padre. Entré por la puertas de atrás en el Calcio. A día de hoy, es imposible que se diera en nuestro fútbol actual”.

Llamada de Valdano.- “Batistuta convenció a los directivos para que al menos me dejaran entrenar (en la Fiorentina). Me puse a punto justo cuando recibo la llamada de Jorge para fichar por el Tenerife. Yo conocía a Ángel Cappa, que era asistente de Valdano, pero no a él. Me tuvo en sub-21 de Boca, junto a Menotti; yo estaba entrenando al lado del campo del primer equipo, me vio y preguntó por mí, por lo que subí a entrenar con los reservas. Cuando me firma en el Tenerife, ya tenía 50 o 60 goles en la máxima categoría con Boca”.

Un Tenerife sin complejos.- “Eran dos entrenadores innovadores y lo noté enseguida. En aquel entonces, se practicaba un fútbol rústico, donde predominaba la defensa y la fortaleza física. Una de las cosas más llamativas de aquel Tenerife era que jugaba bien, sin complejos. Íbamos siempre al ataque, ya fuera en el Bernabéu o el Camp Nou. Tenía libertad de movimientos, entre el quinto volante y el segundo delantero. Entrenábamos en función de conceptos propios del juego: cómo juntarnos, cómo distribuir los espacios, de qué manera atacar y sorprender al rival… No teníamos movimientos fijos, sino unos fundamentos que respetábamos. Fue un equipo fantástico que dio bastantes alegrías. Quizás fuimos insignificantes para el gran público, pero detrás de los grandes clubes, nos convertimos en una referencia de este deporte y disfrutamos muchísimo”.

Adiós de Valdano.- “En aquel Tenerife, sentía bastante placer jugando al fútbol, hasta que se marchó. Era un futbolista particular, ya que necesitaba estar constantemente en comunicación con el técnico. Que me entendiera y dispusiera a mi alrededor de un equipo que jugara para mí, ya que ahí podía jugar yo mejor. Necesitaba ser partícipe constante en el juego, recibir en determinadas zonas. Cantatore vino y era otro perfil, más defensivo, lo cual se me hizo difícil. No disfrutaba tanto al contragolpe, corriendo distancias grandes o participaron de forma asidua en el juego. Necesitaba un equipo asociativo”.

Pudo fichar por el Real Madrid.- “Me llegaron a querer tres o cuatro equipos de Italia antes de aquello. Valdano quiso llevarme al Real Madrid y estuvo prácticamente cerrado, pues iba a ser el cuatro extranjero en la 95/96, donde ya estaban Redondo, Laudrup y Zamorano. Sin embargo, Esnáider estaba cedido en el Zaragoza y se peleó a golpes con Víctor Fernández, por lo que le enseñó la puerta de salida y tuvo que volver al Madrid. Ya no podían inscribirme como un extranjero más. Estuvo muy cerca, hablado con los directivos y con el aval de Valdano. Habría sido el momento de relanzar mi carrera a las primeras páginas del fútbol internacional”.

Cree que pudo ser más.- “Creo que podría haber llegado más lejos. Era un jugador que vivía de la inspiración y, por tanto, perdía regularidad si no me sentía motivado. Era pasional, pero también racional. Me hacía muchas preguntas. Si no encontraba los estímulos adecuados, jugaba pero no daba mi mejor versión. Jugaba mejor en los partidos grandes, ya que necesitaba un contexto donde sentir que lo que hacía merecía la pena”.