Redacción Deporpress| Dylan Perera vive estos días lo que lleva años soñando. Tras siete temporadas en el Tenerife, este juvenil ha sido promocionado por Sesé Rivero para comenzar a entrenar con la primera plantilla blanquiazul. Los que lo conocen ven en él a un jugador distinto. De esos a los que su talento futbolístico convierte en especiales cuando portan la camiseta con el dorsal 10. Algo que, trasladado a la cantera blanquiazul, equivaldría a abrir el libro del futuro perfecto por la página de la esperanza.
Los que siguen el día a día de la base destacan su depurada técnica individual. Su zurda exquisita. Y su golpeo a balón parado, un valor que cotiza al alza en un deporte que, cada vez más, se resuelve en los pequeños detalles que nacen de las jugadas de estrategia. También posee otras virtudes, como la visión de juego y el último pase, esa cualidad que tanto echó de menos Fran Fernández antes de ser despedido como técnico del conjunto isleño.
Dylan es, tras la irrupción hace unos años de Cristo González, el mayor talento surgido de la factoría de Geneto. Llegó al club de la mano de Suso Santana, que comentó que en el campus que organizaba había un chico que era alevín de primer año y que hacía cosas increíbles. El Tenerife le hizo caso a su capitán, le realizó un seguimiento pormenorizado y lo incorporó a sus filas al siguiente curso, ya como alevín de segundo año.
Nacido en el seno de una familia humilde, Perera lleva el fútbol en la cabeza y luego su prodigiosa zurda se encarga de ejecutar todo lo que su imaginación le traslada. De hecho, los que le siguen de cerca ya le han visto resolver situaciones de ‘mano a mano’ recurriendo a una vaselina en el área pequeña ante guardametas de envergadura considerable, al más puro estilo que acuñó el madridista Raúl González a la hora de definir ante la portería rival.
Pese a su talento innato, Dylan no responde al perfil del típico habilidoso individualista. Al contrario, es un futbolista de equipo que puede participar en distintas posiciones. Tanto en la zona de creación, elaborando el juego a través de la asociación o los cambios de orientación, como en la faceta finalizadora cuando le toca moverse como mediapunta.
Obviamente aún le quedan facetas por pulir. Debe mejorar en la faceta física para convertirse en un futbolista de mayor recorrido que el que tiene en la actualidad y, del mismo modo, el juego de cabeza tampoco es su punto fuerte. Los que lo conocen, no obstante, están convencidos de que entrenar con la primera plantilla del Tenerife es un premio más que merecido a su talento. Y que, con una pizca de cariño y paciencia por parte de los profesionales, será útil para la causa blanquiazul más pronto que tarde.
Especialmente porque Dylan tiene un concepto del juego colectivo muy por encima del que tienen los futbolistas a su edad y, sobre todo, porque podría mejorar ostensiblemente el funcionamiento del balón parado en el primer equipo, gracias a la notable precisión de su golpeo con la izquierda, así como a la hora de nutrir a los delanteros de balones con ventaja a través de su capacidad para asistir con el último pase.
Otro dato más que juega a su favor es su sentimiento blanquiazul. Es de aquí y quiere triunfar aquí. Su calidad no ha pasado desapercibida para otros clubes y, pese a contar hace dos años con ofertas tentadoras para irse al Deportivo de La Coruña o al Levante, Perera apostó por continuar creciendo con el Tenerife. Esta semana le ha llegado la oportunidad de estar cerca de los profesionales y ahora habrá que ver si Luis Miguel Ramis tiene o no la valentía suficiente para comenzar a leer el primer capítulo de una esperanza llamada Dylan.