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Una década

 

Por @beatrizpalmero

Hace diez años me levantaba a las cinco menos cuarto de la mañana y ponía las líneas de las calles de Santa Cruz para ir a trabajar. Me llegué a saber el ciclo de los semáforos, cuando tenía que ralentizar la marcha y cuando acelerar para no parar en ninguno. Desde que entraba en Televisión Canaria, donde era la novata, vivía dos horas y media de auténtica locura en la era analógica para tener el bloque de deportes del Buenos Días Canarias a punto: pedir las cintas a Las Palmas, volcarlas, buscar en las de Reuters, en las de EFE, rellenar los partes de las nuevas cintas, revisar los textos…

Tengo que reconocer que añoro a menudo aquella era aún no digitalizada, aun sin contrato fijo, en la que era común salir corriendo hacia realización, cinta en mano, y luego sentarte en plató como si no te acabaras de pegar la carrera del siglo. Luego, con la mejor de mis sonrisas presentaba la sección de Deportes.

Hace diez años Dani Álvarez e Iván Villanúa se encargaban del grueso de la información del Tenerife en Todo Goles y Telenoticias, y yo olía poco el césped de El Mundialito, aunque me ofrecía encantada a echar una mano y más si había que entrevistar al capitán, Jesús Vázquez, en una época tan convulsa como aquella con cambios de entrenador meteóricos y dimisiones del Consejo de Administración. Y daba vértigo ver como aquel Tenerife iba a la deriva hacia la desaparición.

La redacción de deportes era bulliciosa, numerosa y contaba con productores, editores y equipo de realización. Cuando salía de un intenso y feliz día de trabajo marchaba a casa de mis padres, donde todavía vivía, y disfrutaba aún de la crítica cariñosa de mi madre sobre mi vestuario o mi forma de hablar, antes de ir a la Universidad donde había retomado los estudios de Filología que solo hice a medias mientras estudiaba Periodismo en Salamanca. Con el madrugón se me hacían interminables las tardes entre clase y clase, y sobre todo en las más monótonas, en las que tenía que recurrir a un Red Bull. Tras llegar a casa y cenar, meditaba la posibilidad de ir a dar una vuelta con mi chico si no salía muy tarde del periódico. Porque levantarse a las cinco era una auténtica pesadilla para una aficionada a dormir.

Diez años después, tengo contrato fijo, hemos dejado atrás las cintas por un trabajo más apacible ante el ordenador y el BDC en las buenas manos de Carmelo Martínez, que después de mi estuvo también en manos de Canto Marbán, Carlos Bilbao, Vicky Luis y Estela Díaz. Dani Álvarez se nos ha mudado de isla e Iván Villanúa de departamento, sin olvidar a todos los buenos profesionales a los que he visto partir. Mi crítica más feroz, mi madre, ya no está, ahora soy yo la que pago la hipoteca, he añadido el título de filóloga al de periodista y mi chico es mi marido. ¡Ah! Y en lugar de Jesús Vázquez está Suso Santana (¡mecachis!).

En la presidencia, bueno, en la presidencia ha cumplido diez años Miguel Concepción. Y, como yo, el club ha sufrido muchos altibajos, muchos cambios, mucha gente que va y viene… pero él sigue en el mismo sitio, como yo. Pero con un bagaje detrás que nos hace más sabios. En el caso del Tenerife menos pobre. Entonces, y lo recuerdo como si fuera ayer, Paulino Rivero, presidente de CC, tuvo que movilizarse para concienciar a quienes tenían posibilidades de que había que salvar a un Tenerife endeudado hasta las cejas. Sólo Concepción dio un paso al frente y, económicamente, de su gestión se puede reprochar más bien poco. Nos guste más o menos y pase lo que pase en la siguiente década, nadie podrá negarle que tuvo el valor de coger las riendas en el momento más complicado de la historia del club. Y, admitámoslo, también nos ha dado nuestros buenos momentos, esos que ahora forman parte de nuestra larga lista de añoranzas blanquiazules.