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Una de árbitros (7-4-15)

Por @beatrizpalmero

Recuerdo El Día Después que presentaban en Canal+, en sus inicios, Nacho Lewin y Michael Robinson. Con ese programa me empezó a picar el gusanillo de la televisión porque el del deporte ya me había picado antes. Me fascinaba la capacidad que tenían (y tienen) de captar lo anecdótico, lo cotidiano de cada domingo de fútbol en la grada que es lo que, a fin de cuentas, convierte en especial este deporte. Y, como aficionada, esperaba cada lunes la clasificación virtual que hacían descontando o añadiendo puntos en función de los errores arbitrales que habían beneficiado o perjudicado según el caso a este o tal equipo. La clasificación en algunos casos era tan diferente que resultaba sangrante y finalmente tuvieron que suprimirla a sugerencia del estamento arbitral que veía retratada de forma un tanto torticera su inevitable condición de ser humano que, como tal, se equivoca.

Si tuviéramos que hacer una clasificación de ese estilo ahora, el Tenerife sumaría no uno, sino varios puntos más. Eso no lo podemos negar. Podemos hacer la misma enumeración que hizo Vitolo este lunes: gol legal de Carlos Ruiz anulado en Albacete por supuesto fuera de juego (+1), gol de Urko Vera en Miranda en órsay (+2), gol de Vallejo en posición ilegal este domingo (+2) y ya sacaríamos cinco puntos más en el casillero, por lo menos. Pero esa cuenta la podrían hacer muchos otros equipos.

Solo hay que abrir la prensa del lunes. Abelardo recordaba, esta vez sin que nadie le preguntara, que había seis, siete u ocho penaltis que le habían dejado de pitar y que se estaban jugando “la puta vida cada domingo” para toparse con los de negro. Bueno, eso de los de negro ya no es del todo exacto, pero ustedes me entendieron. Paco Herrera ya es reincidente en hablar de los árbitros y, aunque es cierto que repite una y otra vez que “no deben ser excusas de nuestros pecados”, apunta que “desde el partido del Zaragoza es como si hubiera pasado algo, es muy difícil que cada jornada pase algo que es claro y que se convierte en no claro”. Y si nos ponemos a bucear, encontramos casos en casi todos los equipos, en cualquiera al azar, por ejemplo, el Numancia, con dos expedientes abiertos en Competición a expensas del Comité de Árbitros por cargar contra los colegiados en Twitter y por la protesta de su afición con una pancarta que reza “Respeten al Numancia” y así mil casos.

Es obvio que los colegiados son intocables y hasta cierto punto lo entiendo. Sólo son personas que se equivocan, que no tienen repetición en la tele para juzgar ni el don de la ubicuidad. Y los juzgamos como si fueran extraterrestres que no tienen derecho a equivocarse, y me incluyo. La aparición de ciertos programas de televisión ha dado más importancia que nunca a sus errores, como si el partido no durara 90 minutos en los que un penalti no pitado, un fuera de juego no señalado o una falta inexistente no pudieran revertirse con juego y goles. Al final, poner el punto de mira en los árbitros sólo enfatiza la frustración de quien sabe que ha merecido más por juego (o no) y se queda con las ganas. Sí, el Tenerife podría haber tenido cinco puntos más ahora mismo, pero sin los contratiempos en la portería o sin la falta de acierto de cara al gol no serían cinco, sino tal vez diez o más.

Como decía el psiquiatra Thomas Szasz, “dos errores no hacen un acierto pero hacen una buena excusa”. Una excusa real, sin duda, y negarlo sería de necios, pero qué sería del fútbol sin errores, sin resultados injustos o sin gente en las gradas. Eso sí, que un error no cueste un descenso, porque entonces tal vez sea yo la que me acerque a final del partido a decirle cuatro cosas al árbitro. También soy humana, ¿no?