Por @LorenDorta *
En el arranque de cualquier temporada aflora en al aficionado blanquiazul todo tipo de sentimientos. Los más optimistas sueñan con el final feliz de un ascenso. Hay quienes quedaron enrocados entre las sensaciones de cursos anteriores y ven a un CD Tenerife volviendo a fracasar en su intento de regresar a la máxima categoría. Y existen aquellos cuyos miedos y dudas no les permiten ilusionarse hasta que su equipo empieza a ofrecerles argumentos a los que aferrarse. Este último grupo ha de esperar a este lunes 20 de agosto para ver si la imagen que ofrece el conjunto chicharrero y un buen resultado en Tarragona les permite acoger cierta dosis de entusiasmo. Porque la pretemporada que ha programado para este verano la entidad isleña no sirve ni mucho menos para calibrar el nivel de este nuevo proyecto deportivo diseñado por Alfonso Serrano, dada la entidad de los rivales a los que se ha enfrentado el representativo tinerfeño.
En cualquier caso, un equipo de fútbol antes de iniciar su campaña deportiva es como un melón, que solo cuando se abre puede adivinarse si estará sabroso o no. Aunque también es cierto que, si se ha tenido suerte y la pieza de fruta es de calidad, esta pude ir estropeándose hasta llegar a pudrirse por completo, si no somos capaces de conservarla como es debido.
Y este nuevo Tenerife, como el melón que nos toque, es el que es. Si de verdad los jugadores que conforman su plantilla este año atesoran el potencial suficiente como para lograr alcanzar la meta del ascenso, lo que debe intentarse, desde todos los estamentos implicados, es allanarles el camino hacia lo que solo ellos luego han de ganarse sobre el césped. Porque lo relevante aquí es que cada uno conozca cuál es su verdadero rol en esta empresa. Para empezar, hay que tener claro que los protagonistas son los jugadores y (en un menor grado) los técnicos. En mi opinión, la afición está para disfrutar de un espectáculo por el cual paga, lo que le concede, entre otros, el derecho de expresarse al respecto a su antojo. Al igual que la prensa no está para ayudar y sí para informar de lo que acontezca, eso sí, siempre con honestidad y sin encubrir intereses detrás de sus noticias. Los administradores del club, por su parte, han de estar a la altura que exigen las circunstancias. Es decir, trabajar para que los integrantes del cuadro blanquiazul solo deban preocuparse por hacer lo que saben en el terreno de juego.
Así que lo único que nos queda al resto es disfrutar de lo que se prevé una temporada apasionante y confiar en que todo rodará a la perfección en el CD Tenerife. De primeras, Joseba Etxeberria y la plantilla que le toca gestionar me merecen el máximo crédito. Pero será el fútbol el que, como siempre, dicte sentencia.
* Redactor de La Opinión de Tenerife