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Un tifo para ‘el Caballero’

Por @josefelipem

Cambió el fútbol y lideró a uno de los equipos más importantes de la historia. Fue uno de los responsables de que el Calcio fuera, durante sus años dorados, la competición más potente del mundo pero sus escándalos en política hicieron de Silvio Berlusconi uno de los personajes más controvertidos de la historia reciente de aquel país. Su popularidad llegó a ser tal que hasta los interistas votaban por él.

Cuando Berlusconi llegó al Milan, en 1986, los rossoneri no ganaban una liga desde hacía diez largos años. Inter, Juventus e, incluso, el Verona habían logrado liderar el campeonato y la situación en el Continente era aún peor: desde el curso 68-69 no ganaban una Copa de Europa. Berlusconi fue astuto, pues supo esperar el convulso momento del club, con directivos implicados en apuestas clandestinas o huidos del país por deudas millonarias, para adquirir la mayoría accionarial del club por medio de su empresa Fininvest, un potentísimo grupo financiero.

Su personalidad cautivó a los aficionados, porque quería ganar a toda costa y para ello no iba a escatimar en gastos. Fichó como entrenador a Arrigo Sacchi, del que se ‘enamoró’ después de que su Parma eliminara al Milan, y le dio a un trío holandés de ensueño: Gullit, Van Basten y Rijkaard. Sacchi se apoyó en jugadores de la casa como Maldini o Baresi y en juveniles como Costacurta o Tassotti. Fichajes como Ancelotti o Donadoni hicieron el resto.

En el primer año con Sacchi al frente, ese Milan alzó el ‘Scudetto’ y la Supercopa de Italia, mientras que en el siguiente curso se hizo con la Copa de Europa tras convertirse en la bestia negra del Real Madrid. Por encima de todos, cada vez que ganaban un título, aparecía Silvio Berlusconi, altanero y que lograba personificar el duelo Milan-Inter con Massimo Moratti a la perfección. El primero nunca dejó de coquetear con posturas fascistas; el segundo era, además de presidente interista, un antifascista declarado.

Siempre con Adriano Galliani muy cerca de él, era su mano derecha y quién tomaba las decisiones deportivas, Berlusconi fue un dirigente brillante, que siempre logró llevar al Milan a los mejores jugadores del momento hasta que quiso ser Primer Ministro de Italia, algo que logró hasta en tres ocasiones distintas. Los escándalos políticos, vinculaciones con la mafia, corrupción y fiestas sexuales con menores de por medio, lo dejaron tocado definitivamente, pero el 20 de noviembre de 2016 la que fue su grada le tenía preparada su última gran sorpresa a modo de despedida, un descomunal tifo en la Curva Sud de San Siro en la que se veía al Caballero con todos los títulos conquistados en el club de sus amores. Una foto que se hizo en 2007, aún con un Milan protagonista en Europa, tras ganar la Champions y el Mundial de clubes.

En 2016, justo 30 años después de convertirse en presidente, Berlusconi vendió la entidad a unos inversores chinos. Ahora se ‘divierte’ con el Monza, club que adquirió hace solo unos años lugar al que se llevó a su inseparable Adriano Galliani y donde, desde un primer momento dejó claro lo que quería: nada de jugadores con tatuajes, ni peinados estrafalarios y, eso sí, una plantilla mayoritariamente italiana.