Por @beatrizpalmero
Me llamaba la atención el pasado domingo mi compañero José Luis Perdomo (coordinador/presentador de deportes del fin de semana en los informativos de @RTVCes) sobre una cuestión en la que yo personalmente no había reparado, acostumbrados, como estamos, a tachar de reservón a Álvaro Cervera. Apuntaba mi compañero, al que gusta y mucho el fútbol y que atiende, más que profesionalmente, si su trabajo se lo permite, a lo que hacen tanto Unión Deportiva como Tenerife, que le sorprendió mucho y gratamente cómo se habían volcado los blanquiazules sobre la portería de Leo Franco después de encajar el empate.
Al principio no entendía su sorpresa, pero, siguiendo el hilo de sus argumentos tuve que reconocer que, ciertamente, no es tan natural que tras recibir el empate te lances a por la victoria aunque juegues en casa. Normalmente, cuando un equipo va por detrás en el marcador y logra empatar a poco del final, se viene arriba, que diríamos coloquialmente, mientras que el que recibe el tanto queda desconcertado y tiende, en el tiempo que falta, a guardar la ropa. Lo natural es que, quien hubiera acabado encerrado en su área en los minutos finales fuera el Tenerife.
Y lo curioso es que, al acabar el partido, me comentaban en Twitter que no se había ganado por el capricho del entrenador, por obligar al equipo a dar un pasito atrás en la segunda parte en lugar de ir a por el segundo gol. Tenemos aquí la costumbre de pensar que la mejor forma de ganar un partido es siempre ir a marcar goles. Parece incluso una perogrullada. ¿Qué mejor forma de ganar que marcar? Sin embargo, si algo nos ha enseñado Cervera esta temporada y media es que puede haber otra manera más eficiente de hacerlo: aprovechar las virtudes del equipo y esconder sus defectos.
No creo que hiciera falta que Cervera les ordenara dar un paso atrás. Este equipo defiende muy bien, el sábado ante el Zaragoza lo hizo, y, sobre todo, aprovecha muy bien los espacios que deja el rival con Suso, Cristo y Ayoze arriba. Por eso, para este grupo, adelantarse en el marcador es tan importante. El equipo lo sabe, y, en la segunda parte, sólo esperó su momento. La mala suerte quiso que los de Paco Herrera aprovecharan el único error que tuvieron los blanquiazules. Y lejos de venirse abajo, el equipo se enrabietó, consciente de que había merecido más. Y esta reacción es más difícil de lograr aún que la primera, la de esperar al rival. En la primera hay mucha cabeza, en la segunda, mucho corazón y atrevimiento.
Probablemente Álvaro Cervera tenga mucho que ver en las dos, pero, creo sinceramente, que el grupo tiene que ver mucho más. Porque es el grupo el que maneja los tiempos del partido, el que interioriza más o menos los conceptos del técnico y el que cree más o menos en lo que él propone. Y al final, no podemos negar algo: el grupo confía en Cervera, y sabe sus virtudes y defectos. Y, lo más importante, sabe cómo explotar las primeras y minimizar las segundas. Y, al final, igual hay que reconocer que este Tenerife es más valiente de lo que solemos pensar. Porque sale a luchar siempre con su mejor arma, el conocimiento propio, aunque, sobre el papel, el contrincante esté mejor pertrechado. Y tratar de tú a tú a un rival mejor armado es sólo para valientes.