Por @beatrizpalmero
Este año ando un poco despistada. Tal vez sea porque el verano parece hacerse interminable y tengo la constante sensación de que la pretemporada acaba de terminar. El hecho de que el Tenerife no acabe de arrancar y parezca que no alcanza el ritmo competitivo que se debía suponer a estas alturas del año no ayuda demasiado.
Lo cierto es que apenas falta un partido para cumplir el primer tercio de esta liga y estoy como al principio, o incluso peor, porque al principio aterrizábamos aún con el regusto amargo que dejaron las eliminarías de ascenso y la sensación, luego confirmada, de que los refuerzos habían sido buenos. Pero aquí estamos, en noviembre y ni chicha ni limonada. Y aunque los inicios parecieron prolongar la ilusión con la que terminó la temporada pasada estamos en ese punto muerto, en esa encrucijada en la que aún no sabemos para dónde va a tirar el equipo.
Cierto es que el año pasado a estas alturas estábamos peor que ahora, con peores sensaciones y con unas dudas terribles, pero veía otro espíritu en el equipo. Reconozco que aún tenía frescos los entrenamientos e intuía cómo se manejaba el grupo, unas sensaciones de las que carezco actualmente y tal vez este punto hace que me sienta más escéptica o, cuanto menos, no tan segura de la respuesta que como grupo pueden dar los de Martí.
Calidad arriba hay de sobra, pero de nada sirve tener un buen ejército si no llega la pólvora a la zona de vanguardia, si los suministros no se manejan bien desde la retaguardia y si la dirección de la guerra no es la adecuada. Que le pregunten a Napoléon. Me falta alguna pieza para entender la trayectoria de este Tenerife, pero no pierdo la esperanza de que, en cualquier momento, me la arroje a la cara diciendo “mujer de poca fe”. Adivino que esa pieza puede ser esa racha positiva que aún no ha llegado, esos resultados encadenados que aporten confianza y generen ilusión alrededor.
Porque ahora mismo sólo veo un montón de piezas que no acaban de encajar y verlas todas amontonadas cuando empezamos a construir un puzle siempre genera una sensación de desazón, que sólo se va disipando a medida que vamos resolviendo el rompecabezas. Y necesito empezar a vislumbrar a qué paisaje nos llevará el Tenerife este año, siempre he sido una impaciente. Y me temo que es la sensación que predomina a mi alrededor.