Por @josefelipem
Cuando en la temporada 2013/2014 se enfrentaron en la Europa League Lazio y Legia todos sabían que en las gradas, tanto en Roma como en Varsovia, saltarían chispas. Sus grupos radicales son abiertamente fascistas, algo que jamás han ocultado y que, en el caso del club italiano, es algo que viene desde hace muchos años. Tantos, que hasta la sociedad no parece capaz de separarse de esa aureola de extremismo y racismo que tanto le persigue.
Las medidas de seguridad iban a ser máximas. Los seguidores polacos están considerados uno de los más peligrosos de todo el continente, mientras que los italianos no le van a la zaga. Pese a su afinidad ideológica, los enfrentamientos parecían casi garantizados pero fue precisamente en el Olímpico romano donde los aficionados del Legia rindieron un infame homenaje que pasó desapercibido para el gran público.
Los ojos se fueron a las innumerables bengalas encendidas por los polacos, así como a su tifo hecho con papel brillante, lo que provocó una estampa espectacular, pero en la valla, junto a una gran pancarta en la que se leía Warriors, había otra con una cara y un mensaje: Stay strong, brother (Mantente fuerte, hermano). Ese hermano era Janusz Waluś.
Walus era un ciudadanos polaco que en 1981 decidió irse a Polonia para establecerse en Sudáfrica, donde ya vivían su padre y su hermano desde la década de los años 70. Anticomunista radical, desde un primer momento estableció contactos con Eugène Terre’Blanche, fundador del Movimiento de Resistencia Afrikáner y firme defensor del Apartheid, movimiento de segregación racial que se mantuvo en pie, aunque ahora cueste creerlo, hasta 1991.
El 10 de abril de 1993, el líder comunista sudafricano Chris Hani fue acribillado en la puerta de su casa justo cuando se estaba culminando el proceso para la legalización de su partido, algo que se veía como un gesto de normalización de un país que había sufrido demasiado. Walus fue detenido, negándose a declarar y jamás diciéndose inocente, aunque sí confesó a un periodista que había llevado a cabo el asesinato para librar a Sudáfrica del comunismo porque él «sabía lo que era». Paradójicamente, muchos ciudadanos polacos que vivían en Sudáfrica se solidarizaron con él, no solo creyendo que podía ser inocente sino, incluso, justificando que hubiera matado al político debido, nuevamente, al tremendo anticomunismo latente en Polonia. En su país, nadie apoyó lo que había hecho a nivel institucional, aunque sí tuvo apoyo popular de sectores vinculados a la extrema derecha y el nacionalismo polaco.
Condenado a pena de muerte, condena que le fue conmutada por cadena perpetua, siempre ha intentado que le fuera acortada le pena y su abogado ha reiterado que se ha logrado rehabilitar, pero lo cierto es que, pese a que en 2016 el Tribunal Superior de Pretoria dictaminó que Waluś debía ser puesto en libertad condicional, el 18 de agosto de 2017, la Corte Suprema de Apelaciones revocó esa condicional. El último intento de Walus por dejar la cárcel, el pasado mes de marzo, volvió a ser denegada, relanzando esa condición de mártir para la ultraderecha polaca que, como en el Olímpico de Roma, considera que sigue siendo su hermano.