Aleix Valero (Santa Cruz de Tenerife) | Hablar de Diego Latorre es hablar de uno de los referentes del gran CD Tenerife de principios de los 90. Aquel que después finalizó quinto en una Primera División, y alcanzó las semifinales de la Copa de la UEFA y de la Copa del Rey, con Jorge Valdano como director de orquesta y Jupp Heynckes como rematador del mejor proyecto deportivo de la historia.
El ‘gambeta Latorre’ como era conocido entonces, dejó partidos memorables, como una exhibición en el Santiago Bernabéu en un partido de Copa que se llevaron los insulares (0-3) dando un baño al entonces todopoderoso Real Madrid.
Él, junto a argentinos ilustres como Fernando Redondo, Ezequiel Castillo u Óscar Dertycia, además del tándem Valdano-Cappa en el banquillo, firmaron años inolvidables.
Latorre es analista de fútbol para la cadena internacional ESPN, y recientemente se convirtió en noticia en Sudamérica por superar el coronavirus, que lo mantuvo ingresado en un hospital varios días.
De esta experiencia que afortunadamente puede contar, cómo pasó de los terrenos del juego al mundo del periodismo y sus recuerdos en clave blanquiazul y los derbis que vivió, habla en esta semana tan especial en Deporpress.
Aleix Valero: ¿Cómo recuerda los primeros momentos de sentirse mal por el coronavirus?
Diego Latorre: Un día me sentía más o menos bien, me había bajado un dolor de cabeza y me subí a una bicicleta estática que tengo en casa pero a los cinco minutos me agité mucho. Empecé a transpirar, llamé al médico y me subió la fiebre hasta los 39 grados. Me ingresaron y me descubrieron una neumonía leve. Me tuve que hacer una serie de estudios y decidieron dejarme tres o cuatro días ingresados pero por suerte el dolor de cabeza despareció a los dos días y empecé a mejorar…y aquí estoy, recuperado
AV: ¿Hay que alertar a toda la población por muy sana y fuerte que piense que esté, de que es una enfermedad que puede con cualquiera?
DL: Sí. Tengo una hija de 19 años y un hijo de 17. Me contagié a través de mi hija, es difícil de controlar porque yo tomé todas las precauciones posibles pero los chicos tienen una vida social más activa. Mi hija está trabajando en la televisión, lo contrajo ahí y me lo trasladó en casa. Yo estaba prácticamente sin salir cuidándome al máximo y me lo contagió dentro de casa. Pero es un virus bastante extraño porque mi mujer y mi hijo no se contagiaron. La carga viral era muy baja, pero a mí me afectó mucho aunque no tenía poder de contagio a los demás.
AV: ¿Ya ha recuperado la rutina normal y volver a ver y analizar fútbol?
DL: Sí. Desde hace 15 años me dedico al periodismo, desde el año 2005. Entré en FOX Sports, y hace un par de meses la absorbió el Grupo Disney y ESPN, para quien trabajo ahora.
AV: ¿Se imaginó ‘pasarse’ al mundo periodístico en su época de jugador?
DL: No fue algo pensado, fue casual. Cuando los jugadores nos retiramos nos cambia el estilo de vida, más allá de la condición económica en función de la carrera que hayas tenido. Jugar al fútbol es un estilo de vida, yo me levantaba en la mañana y ya pensaba en el entrenamiento del día, en el partido, tratar de estar conectado, descansar y alimentarme bien. De un día a otro todo eso ya no es tan necesario y tenía mucho tiempo libre. Estaba preocupado porque no sabía qué hacer pero se plantean alternativas e interrogantes. Yo tenía una formación académica y por suerte pude insertarme a través de un amigo en los medios de comunicación. Me llamaron y alguna virtud vieron porque me mantuve mucho tiempo.
AV: Es que se le ve muy cómodo ejerciendo de analista del fútbol al punto de ser una de las voces más reconocibles en Latinoamérica.
DL: Bueno, sí. Estoy cómodo porque amo el fútbol, lo interpreto conceptualmente. Conviví con la pelota y en vestuarios. Tengo la facilidad para poder comunicarlo y el lugar para hacerlo. El fútbol y la comunicación son dos lugares distintos pero con un hilo conductor. Soy consciente de que ya no juego, ya no tengo derecho de imponer ni de creer saber más que lo demás, ni ser petulante ni ejercer una superioridad por haber sido jugador de fútbol. Creo que ahí estuvo mi secreto, tuve que aprender a ejercer el periodismo porque no lo había estudiado. Supe escuchar a los que me iban aconsejando y guiando en este camino y, poco a poco, me fui insertando. Hace siete u ocho años que soy comentarista de la cadena.
AV: ¿De qué fuentes bebió para formarse y poder entrar en ‘este mundo’?
DL: Yo había estudiado tres años. Apenas empecé a dedicarme a esto tenía un complejo, no quería que me discriminaran. Siempre hubo un enfrentamiento silencioso entre el jugador de fútbol y el periodista porque hay como una cierta rivalidad, por llamarlo así, aunque no compitan por el mismo lugar. Se sospecha siempre que el jugador de fútbol es un tipo millonario con un ego alto, que hace algo con lo que la mayoría de la gente sueña, y que si llega a determinados niveles no está preparado culturalmente y el periodista sí porque estudió y se formó. Hay como una valoración peyorativa hacia la persona del futbolista, yo creo que supe estar, entendí cuáles podrían ser mis puntos débiles y quise estudiar para que nadie me discriminara dentro del medio, ni pensara que lo quería sacar o invadir su trabajo. Me reunió con varios de los periodistas con más reputación y me aconsejaron estudiar Filosofía. Estudié con una profesora particular durante dos o tres años y conocí el mundo de los libros. Paralelamente veía muchos partidos, creo que hay un conocimiento del deporte muy específico, que no está en ningún lado, ni siquiera en la carrera del entrenador. Puedes ser un sabio, un estudio so de la táctica, pero el juego puede ir por otros carriles que dan el conocimiento natural del deporte, detalles del jugador dentro de la cancha más allá de lo rígido o estructurado. Ahí me sirvió mi experiencia, me funcionó. Saber que están el entrenador, la táctica, la estrategia, pero que luego el futbolista se expresa en la cancha con cosas que están fuera de la lógica, el jugador siempre cree más en el futbolista que los demás. No miro los partidos por aspectos tan rígidos, sino que miro más qué es lo que hacen los jugadores en las canchas.
AV: Cada analista tiene su personalidad, su sello ¿Encuentra en usted similitudes con la figura que fue Michael Robinson en España; tienen ese tipo de visión particular?
DL: Claro que recuerdo a Michael. Sí, por supuesto, sin arrogancia para comunicar, entendemos que hay gente, y así lo aceptamos, que sabe mucho de fútbol sin haber jugado, porque el conocimiento del juego no es tan empírico. Hay analistas más especialistas, hay algo de separación entre el periodista que busca el análisis desde un lado periodístico y luego el conocimiento más específico del juego, y ahí es donde quizá nosotros podemos hacer valer nuestras experiencias.
AV: ¿Qué fútbol prefiere comentar? ¿Cuáles son las Ligas que más le atraen?
DL: Las Ligas que más me gustan son las europeas porque hay una riqueza individual que no hay en Sudamérica. En condiciones normales, sin pandemia, hay muchas particularidades que hacen encantador nuestro fútbol, con nuestra gente, colorido, y también nuestras miserias que tenemos. Al haber jugadores que no son tan cracks, de nivel medio, representa un desafío para nosotros porque no hay una lógica determinante en el fútbol argentino. Boca y River han prevalecido porque han podido retener a algunos jugadores y comprar futbolistas que están por encima del nivel medio, que les permiten continuar con éxitos, ya no hay tantas sorpresas, falta competitividad que era una marca de identidad.
AV: ¿Cuánto nos han cambiado el fútbol por la pandemia y por la introducción del VAR?
DL: Sí, muchísimo. Es otro deporte, no es tan atractivo, pare pasivo, desangelado, apático. El público es el centro del espectáculo, no lo digo por demagogia. El público te da coraje, te anima más o menos, hace que seas más o menos atrevido, que tengas más o menos miedo al erro. Hay muchos condicionantes psicológicos que dependen del entorno y del contexto de un partido; si juegas de local o visitante, o el árbitro. Lo del VAR me parece muy tedioso, insoportable, lo cambia todo, todo. El criterio tecnológico no se lleva bien con el fútbol, que es una metáfora de la vida. Mañana hay justicia para unos y pasado para otros, y no tiene nada que ver con la justicia civil o penal; es de otro orden. En el fútbol se convive con el error y quitarle eso es como robarle el alma al fútbol, era un deporte que se distinguía del resto, un fenómeno universal.
AV: Se ha acordado en las últimas horas en Twitter de la figura del desaparecido Robert Enke, que jugó también en el CD Tenerife y que tuvo un trágico final.
DL: Sí. Seguí mucho e caso de Robert. Hay ciertos estigmas sobre el deportista, especialmente sobre el futbolista. Se ha creado el estereotipo de ser un hombre todo poderoso al que nada le sucede, que lo hacen indestructible en el imaginario popular. De pronto convives también con sensaciones, con una enfermedad muy silenciosa, con un trastorno que si no lo comunicas va en contra de ese estereotipo y te consideran débil. Me pongo en su piel e imagino lo que debe de haber sufrido, me sensibiliza bastante. Salía a la cancha disimulando su estado, sentimientos y sensaciones, debió ser algo tortuoso para él. Y luego el trágico final, los últimos días y el último partido que jugó. Ese día que va con el coche, va a la estación de tren y se tira a las vías, te pone en alerta. Hay cosas aquí en Argentina y también en Europa de chicos que dejan de jugar o que el club les dice que no tienen lugar. El fútbol es una maquinaria de producción en una sociedad de consumo y te desechan como material descartable. Somos hombres que jugamos al fútbol, no solo futbolistas, es difícil encontrar otro deporte en el que si no tienes éxito no eres nada.
AV: ¿Le es posible seguir la información del Tenerife?
DL: Tengo las alertas activadas en mi teléfono, así que estoy informado y pendiente de sus resultados. Le guardo mucho cariño a la isla y a su gente. Mis padres continuaron viviendo en la isla hasta hace 10 años. Estuve en una época memorable del club. Cuando me llama Valdano yo estaba en la Fiorentina era otra época, no había globalización ni Internet. Me costaba saber dónde estaba Tenerife. Cuando llegué me costó un poco porque el equipo ya estaba rodado y llegaba en medio de un campeonato. Me sentía extraño, pero a los tres o cuatro meses ya estaba adaptado y viví dos años de los mejores de toda mi carrera. Me afectó bastante la salida de Valdano y Cappa, también porque el club decidió cambiar de estilo. Se había ido Redondo y trajeron otros entrenadores. Éramos pocos extranjeros pero entró la Ley Bosman y causó impacto. Seguí unos años más y lo pasé muy bien. Tuvimos noches disparatadas de Copa de la UEFA, semifinales de la Copa del Rey, o terminar quintos en Primera División.
AV: Ahora que está más cercano al mundo periodístico ¿Cómo era la prensa tinerfeña con usted aquí?
DL: Recuerdo que cuando llegué las cosas no me salían bien al principio, no aportaba demasiado. Cuando llegaba un extranjero había un poco de rechazo. Jugué casi 10 años fuera de mi país y hay ámbitos cerrados, Tenerife lo era entonces, con una cultura muy regional. Sentí que me observaban porque el Tenerife había gastado dinero y había un clan argentino con Valdano, Redondo, Dertycia, Ezequiel Castillo y demás. Cuando las cosas no funcionan la gente es cruel y pide, y está bien que sea así. A la salida de un entrenamiento discutí con un periodista porque me llamaba “paquete” en la radio o algo así, adjetivos para destacar un poco más. Me enojé mucho, pero rápidamente se olvidó ese episodio.
AV: Usted solo jugó en dos ocasiones un derbi contra Las Palmas. El Tenerife era de Primera División y Las Palmas de Segunda B, fue una eliminatoria de Copa del Rey que se terminó llevando Las Palmas en el Heliodoro en la tanda de penaltis, con el portero Manolo López, ex del Tenerife como el héroe amarillo ¿Los recuerda?
DL: Sí, los recuerdo. Hubo un partido que jugué de suplente y el otro sí. Había contraste entre los dos equipos, Las Palmas seguramente le dio otro valor a la eliminatoria, más allá de la rivalidad local. Aquí hubo un jugador, Brindisi, que jugó en Las Palmas y situó al equipo en dimensión internacional. Nada más llegar ya me dijeron que Las Palmas estaba en otra categoría y recuerdo que había una sensación de placer, orgullo, de esa diferencia. Pero no tengo el mejor de los recuerdos. Mira Manolo, dónde ha llegado. Era un compañero estupendo. Creo que teníamos a Agustín con nosotros también. De esa época tengo contacto con Felipe Miñambres y con César Gómez. Nos vimos con motivo del Boca River de hace dos años en Madrid y se acercó al hotel y estuvimos hablando. También recuerdo al portero Buljubasich, creo que está por Chile. Se fueron Agustín y Manolo y llegó Marcelo Ojeda.