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Un fútbol de Óliver y Benji (20-11-13)

Por @jf_rojas

Escucho noticias sobre colas en las taquillas del Heliodoro pese a las muchas opiniones que se quejan del precio de las entradas del derbi. Yo celebro que al menos el Tenerife haya optado por unos precios moderados, lejos de esos clubes que exprimen al abonado y atracan con crueldad al que osó no reservar asiento para la nueva temporada. Me conformo con poco quizás pero parto de considerar que el Tenerife también está instalado en este nuevo fútbol español que ha vendido su alma a las televisiones maltratando al birria de toda la vida. El fútbol de hoy muerde la mano que le dio de comer durante un siglo. Corteja al cliente televisivo y al comprador de camisetas pero a cambio desprecia al aficionado que le hizo grande.

Cada decisión, desde los horarios al calendario, se toma sin la menor consideración por el seguidor local permitiendo aberraciones como que un enfrentamiento como el Tenerife Las Palmas se dispute un miércoles a las 20:00. No se percibe la menor inquietud ante el cemento que asoma en los Estadios siempre y cuando la fiesta de la opulencia continúe en las gradas de Bernabéu y Nou Camp. Embarcada en esa ensoñación artificiosa de conquistar mercados exóticos, la organización del fútbol español ignora los síntomas evidentes de pérdida de interés competitivo y baja asistencia a los campos. Da igual faltarle el respeto al hincha o ningunear las costumbres que en el fondo han hecho del fútbol algo universal. Todos quieren complacer a los nuevos dueños y los nuevos dueños quieren circo.

Y en eso estamos. Si usted pone la tele o lee la prensa encontrará toneladas de informaciones acerca de estupideces como el balón de oro. Un asunto pueril que aparentemente interesa mucho más que el vertiginoso empobrecimiento del fútbol nacional. Mientras languidece nuestra vieja Liga y se desvanece la inmensa riqueza de tantas ciudades con clubes representativos llenos de historia y tradiciones aquí solo se escuchan debates de parvulario sobre si es mejor el Barsa o el Madrid. Es como un capítulo de Oliver y Benji, machacón y superficial, al que hayan sumado una banda sonora de atontados que discuten a gritos en tertulias televisivas de grandes audiencias. Todos ellos presuntos periodistas, por cierto, que como el fútbol español, venden cada noche su alma a cambio del circo.

En este contexto, clubes como el Tenerife, alejados de los centros de poder, asisten indolentes al ninguneo al que se les somete. En realidad son los que más pierden pero actúan como si el asunto no fuera con ellos. De hecho, callan cuando se maltrata a sus aficionados como han hecho Concepción y Ramírez en este caso del derbi. Pronto el birria, el hincha, el aficionado de siempre, será un vestigio de pasado. Los clubes comprenderán entonces que la política del pisoteo al seguidor local a cambio de la conquista del cliente televisivo sólo podía ser rentable para dos instituciones. Sin el birria, equipos como el Tenerife habrán perdido su único capital valioso y verdadera razón de ser. Quedarán si acaso para animar la fiesta de los dos grandes mientras estos no decidan cerrarla para unos pocos asociados. Veremos el futuro que espera a los que se queden fuera cuando eso suceda.