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Un escudo que pesa más que los entrenadores

Redacción Deporpress | Después de que Rubén Baraja llegara a finales de 2019 para suplir a Aritz López Garai, el CD Tenerife vivió un mes de enero con tres eliminatorias de la Copa del Rey, cayendo honrosamente en los penaltis contra un Primera como el Athletic Club, y grandes resultados en la Liga Smartbank, que fueron dejando atrás el fantasma del descenso y acercando, hasta a dos jornadas del final, a los insulares a la zona de playoff.

Este 2020 se cerrará con el paso de Baraja, Fran Fernández y Luis Miguel Ramis en el banquillo del Heliodoro, y con números muy favorables para el primero.

Además de los partidos de Copa del Rey (Rayo Majadahonda, Real Valladolid y Athletic Club) Baraja saldó su paso por el club con 10 victorias en 21 partidos este año, empatando seis y perdiendo solo cinco, dos de ellos además los últimos del curso, sin posibilidad de alcanzar el playoff.

Fue el propio entrenador el que, tras una larga campaña con el estrés de coger un equipo ‘moribundo’, y el parón por tres meses por el coronavirus, el que prefirió evitar un mayor desgaste en la entidad y dar por finalizada una etapa como blanquiazul que será recordada entre los mejores entrenadores de la década.

Juan Carlos Cordero, director deportivo que reemplazó a Víctor Moreno, se decidió entonces por Fran Fernández después de manejar varias opciones. La llegada, aplaudida, del exentrenador de Almería y Alcorcón, al que le avalaban los resultados con sus anteriores equipos fue, sin embargo, decepcionante.

Una plantilla confeccionada de manera tardía por las dificultades económicas y del mercado provocadas por la pandemia del coronavirus, impidió dar por cerrado el equipo hasta entrado el curso 20/21. Eso, y que el mensaje de Fernández no fue del todo entendido para llevarlo a la práctica por los jugadores, terminarían por poner punto y final antes de tiempo a su etapa, repitiendo la entidad el cambio tempranero de entrenador, una vez más.

Fernández fue despedido después de la 13ª jornada del presente campeonato, sumando solo 13 de 39 puntos y sin darle una identidad propia y definida a su equipo, un estilo que cambiaba casi siempre en función del rival, y dando la impresión de no conocer del todo a sus propios jugadores, y mucho menos sacarles rendimiento. Tres victorias, cuatro empates y seis derrotas pusieron fin a su corto periplo, después de fracasar en su repetido mensaje de evitar los malos comienzos de años anteriores del Tenerife.

Llegó entonces Luis Miguel Ramis, que con apenas un entrenamiento completo tuvo que sentarse en el banquillo para dirigir al equipo en Almería. Lógicamente no pudo implementar nada de su ideario, de hecho cierra el año todavía buscando que predominen las fortalezas de un equipo que navega sin rumbo cierto, pero aliviado tras el último triunfo contra el Girona.

El triunfo en Albacete fue un oasis, pasando de cierta ilusión y esperanza, al hastío habitual de esa época del año para cualquier aficionado birria, doliendo especialmente la derrota inesperada en el Heliodoro (1-2) contra un Sabadell que marcó antes del primer minuto de juego y en el 18 ya ganaba cero a dos. Esa mencionada última victoria en casa contra el Girona ha aliviado la situación antes de este parón navideño.