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Un clan aurinegro que sueña despierto

Redacción Deporpress | Hablar del CB Canarias es sinónimo de éxito. La afición sueña despierta con uno de los mejores estados de salud de la historia del baloncesto tinerfeño, con un club que sirve como ejemplo de superación y gestión tanto dentro como fuera de las fronteras nacionales.

Un elenco coordinado bajo la varita mágica de Txus Vidorreta, quien maneja desde su privilegiada visión técnica a un equipo que se ha convertido en uno de los mejores de España, con menos recursos que otras grandes escuadras del país, pero con el poder disuasorio del beneplácito resultadista. Los ‘soldados’ del coach vasco creen en la fe practicada por el bilbaíno, formando una peña que forma una auténtica familia dentro del clan aurinegro.

Con acento baloncestista, la curva canarista ha crecido con el paso de los meses para pasar de un nivel notable a uno sobresaliente. Después de la profunda renovación de la plantilla en 2019, el nuevo año debería servir como la consagración de que los cambios siempre son buenos si significan una mejoría. Y así fue. Los Shermadini, Huertas, Díez, Yusta, Salin y compañía hicieron olvidar a los anteriores, relevando en el capítulo de referentes a los Beirán, Richotti, Bassas o San Miguel, a través de sacrificio, talento y unidad.

A escala nacional, Iberostar Tenerife repetía como revelación –o quizás no tanto dando la repetición de hechos tan positivos cada temporada- junto a Casademont Zaragoza, situados en la parte noble de la liga regular. Mismo estado de salud gozaba en Europa, donde el desafío lagunero retaba de nuevo a su competición fetiche: la Basketball Champions League.

Sin embargo, una inesperada pandemia a nivel mundial borraba el pletórico estado de forma de un plumazo, con un regreso donde el equipo no exhibió el mismo nivel de forma, pero aún así demostró las bases de presente y futuro eran sólidas para creer en este renovado grupo. Con desafortunadas lesiones como la de Yusta, el CB Canarias volvió a la competición nacional a través de un formato exprés en forma de burbuja, sin el pulmón de la afición. En La Fonteta, como sede única, los insulares declinaron ante un grupo temible con tres equipos Euroliga –y a la postre, con el campeón y subcampeón-, cediendo en los tres primeros enfrentamientos ante Unicaja, Baskonia y Bilbao Basket, pero sacando el orgullo frente a Joventut y Barça para maquillar el resultado. Antes de la Covid-19, en febrero, la Copa tampoco había sonreído a la fortuna, en un final de infarto donde Andorra le ganó el pulso a Iberostar en los cuartos de final (85-87).

Mientras, en Europa, la Covid-19 trastocaba los planes. Cerraba como segundo de grupo para clasificarse a octavos de final donde, en el duelo contra Oostende, el empate (1-1) en el global coincidió antes del tercer partido con la paralización global. Ya con plantillas renovadas, el equipo sacaba el billete para la Final Eight donde, sin embargo, tocó la cruz de la moneda en Atenas contra el Casademont Zaragoza (87-81).

Llegaba verano. Esta vez, la revolución caótica de la ventana anterior daba paso a un mercado señalado por las alegrías, con la continuidad de la columna vertebral: Vidorreta, Huertas, Shermadini, Yusta, Díez, Salin, Guerra, Bogris y Álex López. A ellos, se reforzaban las posiciones con el talento de Fitipaldo, Todorovic –tristemente lesionado en pretemporada-, Sulejmanovic, Cavanaugh, el esperado regreso de Doornekamp y la apuesta en clave chicharrera con Sergio Rodríguez.

Y el cierre de 2020 no puede ser más positivo: clasificados matemáticamente para Copa del Rey, una racha histórica en Liga Endesa donde solo la imbatibilidad del Real Madrid Baloncesto mira por encima del hombro a los aurinegros, y con el top 16 de la Basketball Champions League bien encarrilado. Un regalo para un público que no ha podido asistir al Santiago Martín para dar aliento a los suyos de manera regular, más allá de honrosas excepciones, donde el equipo se ha conjurado para regalar sonrisas a los suyos a través de exhibición tras exhibición, transmitido en los salones de cada hogar y paseando con orgullo el honor de toda una isla a nivel nacional e internacional. A la espera de un 2021 que promete mucho, el Iberostar Tenerife cierra este primer tramo del curso 2020/21 con un balance global de diecisiete triunfos y solo tres derrotas. Todo un orgullo.