La derrota de Oviedo deja una cicatriz importante en la trayectoria de Martí al frente del banquillo blanquiazul. El equipo se ha metido en una dinámica poco positiva y, aunque hablar de crisis quizá sea excesivo, lo cierto es que no puede titubear demasiadas semanas con encontrar la senda de buenos resultados. Es necesaria una reacción lo antes posible. Los 50 puntos están a la vuelta de la esquina, siempre y cuando todos se pongan las pilas y se metan de lleno a la tarea. Incluidos los nuevos que, de momento, me generan más de una duda al respecto.
Podría pensarse lícitamente que quizá el entrenador no es el más indicado para ser renovado y afrontar la próxima temporada al frente del banquillo. Yo añado que si alguien puede pensar así, habrá quien además añada que la plantilla necesita una renovación sin condiciones. Abrir la puerta al pasado para que entre el futuro. Ambas opciones son más que aceptables si esto no mejora antes de que termine la temporada. Porque nadie es imprescindible. Mucho menos en el fútbol donde los años pasan volando y los jóvenes vienen pisando fuerte.
No les engaño: ver al Real Oviedo ahí arriba que llegó el otro día a la categoría…y nosotros más abajo…me da un poco de vergüenza. También es verdad que pensaba que íbamos a ganar al Huesca y me dieron con un palo en la boca. Las palabras en la sala de prensa ya valen de poco. El tiempo se acorta y las exigencias aumentan. Hay que ganar. Hay que sumar los 50 puntos. Manos a la obra aunque sea eso a lo único que podamos aspirar un año más. Y luego veremos. Pero que el cambio en la plantilla es necesario, está claro. O por lo menos eso es lo que están demostrando semana tras semana sobre el terreno de juego.