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Un adiós doloroso

 

Redacción Deporpress | El fútbol es una mezcla de sentimientos, principalmente hacia un club en concreto. Porque se dice que el escudo es lo que permanece inalterable, pero a veces, surgen ese tipo de jugadores con un aura especial. Figuras con un carisma innato que se ganan el respeto y la admiración de todo un entorno; una afiliación fiel que va más allá del rendimiento dentro del terreno de juego. Y que, en el caso del CD Tenerife, se ha hecho evidente desde todos los sectores con Luis Milla. Porque el regusto de las despedidas siempre es amargo.

“Estoy con la ilusión de seguir creciendo como futbolista del CD Tenerife. Tenía claro que si cambiaba de aires sería porque surgía una opción bastante importante en mi carrera. He cumplido el sueño de ser futbolista profesional y la apuesta tan fuerte que ha hecho el club por mí ha provocado que me decante por esta opción. Vengo con la ilusión de un niño”, fueron las primeras palabras del de un chico de 23 años que aterrizaba en la Isla con la mayor de las ambiciones y una madurez raramente vista en futbolistas de su edad.

Porque Milla venía en una línea creciente a velocidad de vértigo. En el Fuenlabrada, era el faro absoluto de un equipo que lideraba su grupo. Su doctorado mediático llegaría en la sala de máquinas con los azules, en un duelo frente al Real Madrid en el Santiago Bernabéu. Su cláusula espantaba a los directores deportivos de los clubes profesionales, pero la escuadra madrileña no pudo hacer nada ante la decisión firme del exdirector deportivo blanquiazul, Alfonso Serrano: el pago de 500.000 euros en el mercado invernal de 2018. El mediocentro agradeció el gesto, confesando el propio Serrano en una entrevista Deporpress que el futbolista le dijo que “voy nadando” si hiciera falta. Ese año, el ‘Fuenla’ no pudo ascender ante una pérdida capital en su mediocampo, pero la inyección financiera le permitió construir un proyecto de enjundia para el curso siguiente, firmando esta vez el ascenso a Segunda División.

En su paso por el CD Tenerife durante estos dos años y medio, Luis ha sido uno de esos jugadores que dejan huella en el tinerfeñismo. Su personalidad dentro y fuera del césped se ha convertido en una referencia para muchos. Un jugador a seguir. Con las ideas claras, nunca escondió el esfuerzo ni se borró de ningún partido. Con una dieta estricta de alimentación y un entrenamiento específico fuera de las horas de entrenamiento, Milla estuvo casi siempre una marcha más por encima de sus compañeros. Valor capital para cualquier entrenador.

Milla ejerció como capitán sin brazalete. Más de 8.200 minutos acumulados entre Liga y Copa, 95 partidos como blanquiazul, anotando diez goles y repartiendo once asistencias con destino a la red. No vestirá la elástica blanquiazul en Primera –al menos en tiempo presente- pero deja una huella importante en la Isla, con un rendimiento que rara vez ha bajado del notable.

El Heliodoro y la afición birria no podrán seguir disfrutando de su calidad, dejando a Aitor Sanz huérfano en la sala de máquinas ante la marcha de uno de los pulmones y parte del cerebro del representativo. Sin embargo, deja una suculenta propina antes de hacer las maletas de despedida: un beneficio de 4,5 millones de euros. Un importante crédito económico que lo convierte en el mayor traspaso de la entidad de los últimos 17 años –desde los 11 millones en 2003 por la venta de André Luiz al PSG-. Y la cuarta en términos históricos. Desahogo importante para las arcas blanquiazules; y un sueño cumplido de Milla a sus 26 años: élite del fútbol español y participación en competiciones europeas.