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Trivote (27-10-14)

Por @rondoscutillas

Vaya por delante que si se consulta el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) no aparece por ninguna parte la palabra que da título a la columna de hoy. Pero apelo a su comprensión para que me permitan la licencia de usarla porque creo que todos los futboleros conocen su significado. Pues bien, el trivote es, a mi juicio, lo que ha marcado la principal diferencia en la resurrección futbolística de este Tenerife, que ya dejó buenas sensaciones en El Sadar y cuyos primeros frutos se recogieron ayer en el Heliodoro.

El Tenerife hace mejores balances con Vitolo, Aitor Sanz y Ricardo en la medular. El equipo se fractura menos ahora y, al estar estos tres jugadores más unidos, es capaz de dar salida al balón con apoyos cortos entre ellos o buscando la ganzúa de Cristo Martín para enlazar con Ifrán o encontrar la velocidad de Suso en la derecha. No hay tanto desplazamiento en profundidad salvo cuando el rival te obliga a rifar el balón presionando a los defensas. Y, sinceramente, ese detalle de fútbol combinativo se agradece.

Cuando el Tenerife no tiene la pelota es Ricardo el que equilibra cayendo a la derecha para echar una mano a Moyano. O el propio Cristo Martín el que viene para ayudar a Raúl Cámara en las coberturas, básicas ayer ante la potencia y el recorrido de un extremo potente y poderoso como Adama. El trivote es, en suma, un sistema solidario, aplicable únicamente con jugadores que sean generosos en el esfuerzo y capaces de soportar el desafío físico que supone hacer semejante despliegue durante 90 minutos. Justo lo que le gusta a Cervera.

En una categoría tan complicada como la Segunda, son los blanquiazules un equipo del montón cuando no lo dan todo. Cuando no son intensos y no disputan cada balón como si fuese el último o cuando aparecen esas enormes lagunas de concentración que tantos y tantos puntos han costado. El Tenerife fue ayer un bloque, un grupo comprometido con la causa (igual que en Pamplona) y responsabilizado con la tarea de sobreponerse a una dinámica muy adversa para doblegar una situación que cada vez era más peligrosa. Y lo logró ante un buen equipo, plagado de futbolistas con una excelsa técnica individual y capacitado incluso para mantener la categoría de sobra si compitiese en Primera División. El Barcelona B cree en lo que hace y mantiene su idea por encima de marcadores y rachas de resultados. Es cuestión de estilo. Y de creer ciegamente en el sistema con el que juegan.

Quizá el Tenerife haya encontrado también su estilo. Quizá el trivote sea la mejor solución para que este equipo sea competitivo en cualquier campo y ante cualquier rival. Quizá sea cuestión, por una vez en muchos años, de creer en algo y en alguien por encima de marcadores y rachas de resultados. Sin embargo, me temo, porque conozco el entorno de este club y su asombrosa capacidad para ponerle peros a todo y no ser felices con nada, que según vayan llegando los resultados (que llegarán) aparecerán los que digan que no se puede jugar en casa con un solo delantero, los que pondrán el grito en el cielo porque consideran que este fútbol es aburrido y encorsetado o los que, simplemente, abanderen la queja como deporte nacional blanquiazul. Yo sólo sé que esta semana seré feliz sabiendo que el Tenerife volvió a dejarse el alma en cada balón por segunda semana consecutiva y que en La Romareda habrá partido si vuelve a aplicar esta máxima. Y el trivote, claro.