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Tristeza

Por @juanjo_ramos

¿Han tenido alguna vez la sensación de que una espera dura demasiado? Ese peso de la incertidumbre que te hace más difícil levantarte cada día, caminar y seguir luchando. Pero algo te impulsa y te ayuda para evitar la rendición, que es el camino fácil. Así andamos ahora los aficionados del CD Tenerife. Son ya cinco años con la cabeza gacha.

Es verdad que en este tiempo se logró el ascenso a Segunda A. Pero el objetivo era una obligación. También es cierto que, durante algunas semanas, soñamos con el ascenso en 2013. Pero esas recompensas han sido pequeñas en comparación con el sufrimiento de un descenso a Segunda B, el primer intento frustrado de retornar o la infame temporada pasada. Por eso, ahora hay más miedo, decepción, tristeza y desmotivación que enfado.

El mal inicio de temporada, coronado este miércoles con la séptima eliminación copera consecutiva, vuelve a distanciar al club de su gente. Es pronto para pedir un cambio de entrenador o hablar de una plantilla mal confeccionada. Pero no lo es para pedir alegrías. Para exigir ambición. El Tenerife es otra cosa. No es conformismo. Los que crecimos en la época gloriosa de los 90 nos acostumbramos a ser seguidores de un club revolucionario y que nunca le quitaba la mirada a los grandes. El horizonte era siempre algo que parecía por encima de nuestras posibilidades. Y a menudo se alcanzaba.

En los tiempos del control financiero de la LFP hay que admitir limitaciones. Pero estas solo son económicas. Resulta inaceptable que haya que salir a defenderse en el campo del Huesca o el Leganés o que otros clubes, con presupuestos similares, puedan luchar por objetivos superiores. Algo no va bien.

Seguiré proclamando que, desde fuera, tenemos que ser más incondicionales en nuestro amor al Tenerife. Que da igual quien lo presida, entrene o defienda sobre el terreno de juego. Pero no es menos cierto que no todo pueden ser malas caras. Que los gestos de cariño tienen que llegar también desde la entidad. Y no hablo de regalar entradas o bajar los abonos, sino de ofrecer algo de lo que sentirse orgullosos más allá del escudo.

Esto no justifica al que se borra. Más bien enaltece al que sigue acudiendo cada dos semanas al Heliodoro. Porque el domingo irá a ver a su equipo contra el Oviedo, consciente de que igual no recibe nada a cambio.

Miro al futuro alejado de 2016 y exijo un proyecto que devuelva al Tenerife a su papel de los 90. Miro al futuro más próximo y pido, como tinerfeñista, una victoria. No me vale, como a Raúl Agné, la mejoría del pasado miércoles. No me vale, como reconocía Aitor Sanz, que los jugadores están preocupados porque saben que el entorno blanquiazul es difícil. Implicación, ilusión, fe y resultado. O decisiones.