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Transición

Por @rondoscutillas

El CD Tenerife extendió su mala racha de resultados al Carlos Tartiere. Volvió de vacío de Oviedo y cosechó una nueva derrota fuera de casa ante otro de esos equipos que, de verdad, sí que aspiran a cosas importantes esta temporada. Dos puntos de doce posibles son números de descenso. Menos mal que  aún hay un margen de cinco créditos sobre el precipicio y que ahora visita el Heliodoro el Llagostera, el rival ante el que se produjo el primer triunfo de este curso.

Son los catalanes un equipo empeñado en no dejarse arrastrar hacia el pozo de la Segunda B aunque marchen penúltimos en la tabla. De hecho, han sumado cuatro puntos de los últimos nueve posibles y cayeron por la mínima (1-0) en su última salida ante el líder Alavés. Dos ex como Juanjo Expósito y Natalio amenazan otra vez con cumplir esa maldición no escrita que tanto amarga a los seguidores del Tenerife aunque, personalmente, lo que más me preocupa es la calidad a balón parado de Pitu, un especialista en alojar faltas directas en la red.

La baja de Vitolo por sanción es la enésima invitación para suprimir el trivote. No es la primera vez que se debate la idoneidad de este dibujo que amenaza con convertirse ya en un tatuaje indeleble, pase lo que pase, en los esquemas del Tenerife. Ni Agné, primero, ni Martí, ahora, se han atrevido a prescindir de un modelo al que deben ver más ventajas que inconvenientes. Supongo que el equilibrio, esa herramienta que gobierna el fútbol actual por encima de la calidad o el talento, aconseja la continuidad de ese recurso que, sobre todo en los partidos de casa, ha generado tanta controversia últimamente. Siento una especial curiosidad por ver cómo encajan el domingo las piezas de un puzle que, con la llegada de Moutinho y Javi Lara, multiplica las posibilidades del técnico a la hora de confeccionar un once de garantías.

Martí debe andar enfrascado en terminar por fin el rompecabezas. En las últimas semanas ha realizado un carrusel de cambios en casi todas las posiciones. El balear parece haber entrado en esa etapa en la que busca el Tenerife que quiere y, mientras lo encuentra, la competición avanza y el equipo no termina de transformarse en lo que desea el aficionado. Hay entrega y compromiso, valores indispensables en cualquier profesional que se precie, pero siguen faltando pilares tan básicos como la solidez, el juego y hasta la continuidad en los resultados.

Esa sensación de hallar soluciones no es nueva. De hecho, arrancó en febrero de 2015 cuando Concepción desveló que dejaba el Tenerife el día que se cumplía el noveno aniversario de su llegada a la entidad. El juego de tronos abierto desde entonces por el presidente con su anuncio ha distraído a la institución de lo estrictamente deportivo. En estos últimos 365 días se ha hablado y escrito tanto de quién lo sucederá en el cargo como de fútbol. Y eso, en parte, ha contribuido a malgastar dos campeonatos que se han afrontado bajo la certera coartada de que el patrón tenía fecha de caducidad.

Al presidente actual hay poco que reprocharle. De hecho es, Javier Pérez al margen, el que mejores resultados deportivos tiene. Fue el único que asumió el riesgo de reducir la deuda de un club que parecía abocado a la desaparición e incluso, casi en el epílogo de su mandato, parece haber fijado un rumbo deportivo identificado en la cantera complementada con refuerzos que mejoren lo que ya se tiene. Son pocos los borrones que se le pueden poner a Concepción aunque, si yo hubiese sido él, habría dicho justo ayer, y no hace un año, que me iba. Sobre todo porque nos habría ahorrado este nocivo e insufrible periodo de transición.