Por @ivanvillanua
Hace unos años, un joven futbolista de nombre Iriome revolucionó un partido de fútbol y de la noche a la mañana pasó de ser un perfecto desconocido a ocupar las portadas de diarios locales y nacionales. Tal fue la explosión que muchos interpretaron aquellos 90 minutos mágicos que dieron sus botas como una exhibición solo a la altura de los mejores. Y por eso empezaron a vislumbrar (en sus sueños y no en la realidad), dónde recalaría el tinerfeño cuando acabara la temporada. Lograron marear la perdiz de tal manera que ni Iriome fue el Liverpool ni tampoco volvió a ser el mismo. Vieron un haz de luz y se revolucionaron.
En Tenerife se es muy de pasar del pesimismo a la euforia en apenas un segundo. Sin pasar por un estado intermedio de reflexión y sosiego. Y polarizar todo no es positivo. Para llegar del blanco al gris siempre habrá que mezclar dos tonos de por medio. Si no, será imposible. Por eso que después de unos días con Agné en el equipo sí que es cierto que comienzan a verse algunos atisbos de su idea de juego pero al entrenador hay que darle más tiempo. Que siga probando y acertando.
Todos han visto una diferencia clara con respecto a Cervera: el equipo se siente más reforzado, tiene más autoestima y va a por el partido desde que comienza el encuentro. Esto te da más oportunidades: de errar pero también de acertar. A diferencia del encuentro de Girona en casa, la defensa no permitió tantas llegadas con claridad al área aunque bien es verdad que Urko Vera tuvo una que falló para suerte del Tenerife. Posiblemente en Miranda del Duero se disparó más veces que desde hacía mucho tiempo no se veía.
La realidad, la dura realidad, es que llevamos un punto de seis posibles. Y que los efectos revulsivos de un técnico nuevo tienen siempre fecha de caducidad. Existe un plazo de tiempo en el que se pasa de ser revolucionario a implantar una dinámica que el equipo aprende para plasmarlo cada semana. Ese comodín finalizará después del derbi. A partir de ahí pocas concesiones podrán darse porque empezará la verdadera liga blanquiazul. Les pido tranquilidad y que no nos revolucionemos. Dejemos que la cosa fluya. Que el Universo (como dice un amigo), haga su trabajo. Si me preguntan hoy, veo clara la salvación. Pero esto no termina mañana, sino dentro de un par de meses.