por @juanjo_ramos
Era difícil mejorar lo que había. Sí, aunque no lo parezca ahora, la del Tenerife es una de las mejores plantilla de Segunda. Ocurre que, en la génesis de esta temporada, se cometió un grave error: cambiar (a mejor) la parte ofensiva menospreciando la adaptación del bloque defensivo a las características de esos jugadores que iban a provocar un salto de calidad. Es decir, que en agosto había dos Tenerifes en uno.
El bloque defensivo, más veterano y con menos novedades, estaba acostumbrado a apretar, robar y aprovechar las transiciones rápidas. Apoyado en el trabajo desde primera línea de Amath, en la capacidad para dar continuidad tras robo de Aarón, Choco o Gaku y en una solidaridad que se gestó desde la base del enemigo generado en el inicio de la pasada temporada: nadie apostaba por la capacidad de ese vestuario salvo el mismo vestuario. Y esa ausencia de fe fuera sirvió como gasolina para alimentar el motor blanquiazul. Jugaron primero para ganarse el respeto de la afición y los rivales para, a continuación, cabalgar a lomos de la ilusión hasta el Coliseum.
Algo se quebró aquel día. Probablemente porque algunos de los veteranos sabían que, difícilmente, repetirían el rendimiento del curso pasado. Y también porque era imposible mantener a algunas de las piezas más importantes. Esas salidas obligaron a iniciar una transformación. Pero Martí no quería fallarle a aquellos que le llevaron a un gol del ascenso. Y se quedó a medio camino. Ni operó el cambio necesario ni adaptó la confección de la nueva plantilla a lo que ya había. Sucedió lo mismo que en 2014. Dos Tenerifes, aquel con el que se sentía a gusto el entrenador y aquel hacia el que era necesario transitar para aspirar a más.
Es por eso que, como dijo Álvaro Cervera en un certero análisis realizado con la visita del Cádiz al Heliodoro, el Tenerife fichó a excelentes atacantes. Pero que necesitaban más balón que el año pasado y presionaban menos que aquellos. Perdió agresividad para apretar y recuperar sin añadir futbolistas capaces de iniciar y elaborar mejor con los que compensar esa carencia, transformando su naturaleza. Resultado: nos quedamos a medio camino. La plantilla es mejor, el equipo es peor.
Los fichajes de Luis Milla y Álex Mula vienen a compensar cosas. El primero es ese centrocampista iniciador que faltaba. Una carencia básica, grave. El segundo ayudará a salvar la ausencia de Montañés, que puede servir como carátula de esas lesiones que han dejado al Tenerife sin dos piezas tan importantes como él y Juan Villar hasta ahora.
Quedan 18 partidos, 54 puntos en juego. La realidad dice que el Tenerife necesita que afloje el ritmo de los de arriba, se iguale al de la pasada campaña y le sean necesarios 30-33 puntos más para alcanzar el playoff. Como parece tan lejos, pero no es imposible, conviene centrarse en hacer ahora lo que no consiguió desde agosto: equipo.