Por @beatrizpalmero
Ando un tanto conmocionada, como tantos otros, por todo lo que está pasando en torno al Uruguay Tenerife. Sigue pareciéndome inverosímil, por inesperado, todo aquello que desde el viernes se anda destapando en torno a la presunta implicación de su expresidente, Andrés Pedreira, en un delito de malversación de fondos y falsedad documental. A la justicia queda la tarea de dilucidar qué fue exactamente lo que pasó y hasta dónde llega su culpabilidad y ahí ninguno debe meterse.
Lo que sí me parece injusto es que sus presuntos actos se lleven por delante a quienes sí han sido honrados, a quienes han puesto su ilusión, su talento, su trabajo para alcanzar sueños que pocos se atrevían a tener. Porque puede que el club haya salido adelante gracias a los manejos económicos que realizaba su máximo dirigente (lo que aún deberá probarse, por supuesto), pero los que han logrado situarlo en Primera División son los que se mueven sobre el parqué. Son ellos los que han sufrido cada partido, los que han aguantado la presión, los que han sudado hasta la última gota para lograr un sueño. Son ellos los que han renunciado a otros trabajos para dedicarse a lo que les gustaba porque confiaban en su presidente, son ellos los que han logrado llenar el Pabellón Central, son ellos los que han enganchado a casi dos mil personas al fútbol sala, son ellos los que ahora ven como, de alguna forma, han enturbiado todo su esfuerzo y los que se tragan las lágrimas de rabia por sentirse traicionados por uno de los suyos.
Y así, algo mágico, limpio, sano, se ha convertido en una pesadilla. Porque ninguno de ellos tenía que ser más consciente de lo que estaba pasando que los superiores directos del propio Andrés Pedreira, porque a ningún trabajador se le ocurre cuestionar a su jefe sobre el origen de su sueldo, ni sobre la financiación de aquello que rodea a su puesto de trabajo. Y cuando tu trabajo está cargado de pasión, de ilusión y te permite centrarte en eso porque estás al día, ¿quién se preocupa por cuestiones ajenas a lo que le ocupa?
Y, de alguna forma, me acuerdo de la desaparición del Club Voleibol Tenerife y se me hace un nudo en el estómago. Desde que el Marichal dejó de respirar no había vuelto a existir un club que llegara de forma tan natural a los corazones de los amantes del deporte y de los que no lo son tanto. Y si dejaron caer a un histórico, al equipo más laureado de Canarias, porque algunos no fueron capaces de cumplir sus promesas, ¿qué van a hacer con el Uruguay Tenerife al que consideran el principal beneficiario de un enorme desfalco? Decía Albert Einstein que vivíamos en una época triste, en la que es “más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”. Y siento que los prejuicios van a caer sobre un club cuyo único delito fue trabajar con la confianza que tenían puesta en la misma persona en la que confiaron, durante años, los responsables de Sinpromi y del propio Cabildo, y a la que calificaron, públicamente, de gestor brillante.
Y si, en esa rabia y en ese deseo irracional y prejuicioso de cargar contra el Uruguay Tenerife por vivir sin saberlo de dinero robado, se le deja morir (y seamos claros, está agonizando) se estará añadiendo una injusticia a otra injusticia. Y eso no quedará sólo en la conciencia de Pedreira. Instituciones, empresarios y aficionados pueden poner su granito de arena para volver a sentir el verdadero espíritu del Uruguay, ese que nos enamoró, y que unía el esfuerzo, la humildad y la pasión por el deporte. Porque algo tan bonito no puede tener un final tan cochambroso. Porque #yosoyURU, ¿y tú?