Por @beatrizpalmero
En el barrio del Toscal, frente al que fue mi colegio, se encuentra un bar que se llama Todo lo contrario. Y tal vez su nombre venga de que, desde que yo recuerdo, se llamaba Quitapenas. No sé si Todo lo contrario significa que ya no es sólo para quitar penas, o si, en realidad viene a decir que contrariamente a lo que sucedía antes, ahora te añaden penas. Obviamente, lo segundo sería absurdo, pero la ambigüedad del lenguaje deja, en ocasiones como esta, la puerta abierta a la especulación.
Y traigo a colación esta reflexión porque, más a menudo de lo que sería deseable, esto sucede en torno al Club Deportivo Tenerife. Está claro que si alguien quiere llevar unas palabras a su terreno puede hacerlo, y más cuando, al transcribir, cortar o contar unas declaraciones, se pierden muchos matices por el camino. La pieza de un informativo dura poco más de un minuto y a veces es más difícil resumir una rueda de prensa de ocho minutos y transmitir fielmente lo que nos han dicho de lo que pudiera parecer. Porque es muy fácil descontextualizar el corte que eliges. Tampoco mejora la comprensión cuando simplemente transcribes lo dicho, y eso es fácil de entender. A todos nos ha pasado alguna vez que nos hemos enfadado vía wasap porque hemos malinterpretado el tono de una frase que nos envían. La comunicación cara a cara tiene unos matices que no tiene ningún otro medio y no desvirtuarla al redactar una noticia siempre me ha parecido lo más difícil de esta profesión y al mismo tiempo lo más bonito.
Claro que uno no siempre acierta, y, además, es difícil mantener la objetividad cuando eres un sujeto. Así que la clave es la honestidad. Lo malo es que hace tiempo que aquí se impone la subjetividad pura y dura. Y vamos a destacar esto porque apoya mi tesis y a obviar esto otro porque no interesa. O vamos a aprovecharnos de la ambigüedad que dejan las palabras.
Este martes escuché la rueda de prensa íntegra de Jacobo. Y cuando terminé tenía una fan más. “Alguien que nos va a dejar siempre titulares”, pensé. Sincero, directo y coloquial, quizá excesivamente coloquial, alejado de los típicos clichés tan manidos en los postentrenamientos. Vi a un jugador sorprendido por lo que ha vivido en apenas un mes de competición, defendiendo con valentía al grupo y a sus compañeros, pidiendo una tranquilidad imprescindible para conseguir los objetivos. Cierto que su lenguaje es demasiado llano, ya lo había pensado el día que reconoció el error que costó un gol ante el Albacete. Pero reescuchando la rueda de prensa, sigo sin verle doblez alguna. Es más, refuerza el mensaje del grupo. El mismo Suso Santana ha reconocido que le han dolido los pitos a Aridane y que cree que “es el momento de que todos rememos en la misma dirección”. También Guarrotxena me decía tras el partido que con todo esto “el grupo se ha hecho más fuerte” antes de que Aitor Sanz dijera que era una victoria “para liberar el mal rollo”. Igual fue demasiado optimista.
Porque si algo tengo claro es que el grupo está unido, está dispuesto a defender su trabajo y a ganarse el respeto de los aficionados. Pero me temo que para algunos ya es demasiado tarde. Están tan obcecados con que Cervera no es entrenador para el Tenerife que no se dan cuenta de que se llevan al grupo por delante. Lo dicho por Jacobo, no es lo que dice un godo que viene a dar lecciones, ni uno de fuera que le ha quitado el puesto a un tinerfeño, ni alguien que tiene que aprender primero a hablar. Sólo ha expresado lo que deben sentir los once jugadores nuevos. Yo en su lugar también lo fliparía y pensaría que esto es el coño de la Bernarda. Aunque la diferencia es que yo no acostumbro a hablar en público como lo hago en privado. Simple deformación profesional.
Reconozco que me hastía todo esto y tengo que admitir también que al pobre de Jacobo, en su sinceridad, no le van a perdonar ni el más mínimo error. Vuelvo a pasar por delante del Todo lo contrario. Una lástima que ya no quiten las penas. Pero me tomaré un chupito por la esperanza que siempre queda al fondo de la caja.